16 may. 2014

El 15-M transforma el mundo de la Cultura

El Quijote más grande del mundo era también un perroflauta antisistema. Al menos así se lo mostró a principios de abril el artista chileno reconocido internacionalmente, Inti Castro, a los vecinos de Quintanar de la Orden, el último de los pueblos manchegos que cita Cervantes en su obra maestra. Representado en el mural que le encargó la asociación Construir un lugar mejor sin destruir lo que tenemos y financiado en parte por el Ayuntamiento y en parte por las aportaciones particulares de muchos de los vecinos del pueblo, el “Quijoteflauta”, como ha sido bautizado, estaba ataviado con un pañuelo blanco a modo de máscara en el que se podía leer la inscripción “15M”.
Esta modernización del Caballero de la Triste Figura generó una gran polémica en el pueblo hasta el punto de que muchos pidieron eliminarla, respaldados por el Ayuntamiento, cuyo alcalde, Carlos Madero, afirmó tajante que “una obra subvencionada con fondos públicos no debe tener referencias políticas”. Tras un comunicado de disculpa pública elaborado por la asociación que solicitó el mural, Inti aceptó una “censura parcial“ (eliminar la referencia al 15M) a cambio de evitar que se cubriera entero con pintura blanca. ¿Qué es lo que generó rechazo? ¿Es la censura el motivo por el que este movimiento no aparece habitualmente como contenido de las expresiones culturales?


Desde la irrupción en la esfera pública del 15-M, algo ha cambiado en la sociedad española. Durante una conferencia organizada por La Casa Encendida a principios de abril, Miguel Brieva, dibujante, ilustrador y escritor, aseveró que este movimiento ha ayudado a los ciudadanos a darse cuenta de que tienen más cosas en común de lo que pensaban. “La temática que aborda ha podido influir para que se planteen cuestiones hasta ese momento impensables, como los supuestos beneficios del capitalismo o la asunción de que es el único sistema posible”, afirmó. Sin embargo, estas modificaciones todavía no han calado en la cultura. Si bien, según Brieva, “gracias al 15M se ha difundido un mensaje distinto al hegemónico, como que es necesario otro modelo de sociedad, aún es pronto para que se plasme con claridad en la cultura. Es un proceso que, en todo caso, está comenzando”.


La escritora Belén Gopegui, quien también participó en esta conferencia, explicó que, quizás, la influencia más notable de este movimiento puede verse en la Fundación Robo, un proyecto colectivo donde se componen canciones inspiradas en el 15-M. Sin embargo, aunque gracias a esta influencia se están empezando a recuperar ciertas formas de creación colectiva, Gopegui consideró que “hay que seguir trabajando para recuperar el sentido de comunidad, de cohesión popular y asentar el tejido social”.
Algo similar percibe la cofundadora de EnCubierta, Begoña Minguito, para quien “el 15-M nos ha enseñado que nos podemos organizar de otra forma”. Una vez que, la sociedad en general y la cultura en particular se ha visto abandonada por el Gobierno, “los ciudadanos hemos aprendido que podemos crear colectivos de apoyo mutuo para solucionar, al menos a corto plazo, los problemas que nos acucian”. En el ámbito cultural, esto se ha plasmado claramente en el teatro. “Si no hay salas o no hay presupuestos para actuar, las compañías se buscan las vueltas, se lo montan ellos, pero no se quedan parados”.


Minguito, además, considera que “después de años de confiar en los que nos gobiernan y en los medios de comunicación, la ciudadanía se siente estafada y ha desarrollado una necesidad de aprender para no volver a dejarse engañar”. Y es, precisamente, la persistente ocultación de la realidad por parte de los medios de comunicación mayoritarios lo que, para muchos expertos, está impidiendo que estas nuevas formas de expresión artística puedan ser conocidas por la masa social. Así lo afirma el catedrático de Comunicación Audiovisual, Enrique Bustamante, para quien “a pesar de que tienen una capacidad de difusión mayor que en el pasado, gracias en parte a las redes sociales, no deja de ser limitada. Estos subgrupos no encuentran ninguna oportunidad real de poder vivir de su obra, de salir del barrio, de la ciudad, de proyectarse con éxito, porque los medios no contribuyen a difundir su labor”.
En los últimos años se está percibiendo un aumento de creaciones que reivindican la vuelta al Estado de bienestar o denuncian el hundimiento del modelo de sociedad actual y el alejamiento de ciertos políticos de la base social, aunque no son mayoritarias. Además, en sus acciones de protesta tampoco se percibe que, como gremio, estén solicitando un cambio en el modelo social. “Nuestra reacción a la crisis la están liderando los médicos, los profesores o los desahuciados”, afirma el director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas, Fernando Rueda.


“Lo que resulta más visible de la protesta del sector cultural, por ahora, es su exigencia de mejorar las condiciones para poder desarrollar su trabajo –prosigue Rueda-. Pero son la Marea Blanca o la Verde las que reivindican un cambio de modelo; ni los intelectuales, ni los artistas”. Una afirmación que, para Enrique Bustamante, se plasma en la tardía creación de la Plataforma en Defensa de la Cultura. A pesar de que hayan recortado entre un 60% y un 80% de las ayudas públicas y España tenga el llamado IVA cultural más alto de la Unión Europea, Bustamante recalca que “han tardado dos años en unirse para crear una plataforma desde la que defender de manera conjunta el derecho de acceso a la cultura”.
Esta realidad podría ser el motivo por el que la creciente capacidad crítica que se está desarrollando en la sociedad la estén liderando las asociaciones vecinales, los movimientos de base. Para Enrique Bustamante resulta evidente que la responsabilidad de impulsar el cambio de modelo social ha recaído en los ciudadanos de a pie, y “la cultura, igual que la comunicación, son las herramientas vitales para que se expresen. Si no pueden hacerlo por la televisión pública, lo harán en un portal web, en una obra de teatro o en un concierto de música, pero lo van a hacer. El problema es que sin la difusión por parte de los medios, esas expresiones van a quedarse reducidas a pequeños guetos, no llegarán al resto de la sociedad y terminarán diluyéndose”.
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