5 jun. 2014

La élite del PSOE: Hundiendo definitivamente las esperanzas de sus bases

Cualquier colectivo social o partido político debe ser, en última instancia, lo que deseen las personas que lo forman, a través de una participación ciudadana abierta y transparente. Abierta, porque todo ciudadano/a con una sensibilidad afín debiera poder expresar su opinión y emitir su voto en los procedimientos internos de toma de decisiones orgánicas y políticas. Transparente, porque todos los argumentos que deben considerarse en la toma de decisiones tienen que ser de conocimiento público, y lo más importante, comprensibles para toda la ciudadanía.
He tenido ocasión de conocer el PSOE de Albacete y de Castilla-La Mancha desde dentro, entre los años 2001 y 2007. Siempre percibí un abismo entre sus élites (la casta, PODEMOS dixit) y sus bases. Las primeras ocupadas en mantener o ampliar sus cuotas de poder, en controlarlo todo y en silenciar cualquier atisbo de autocrítica. Las segundas implicadas de lleno en mejorar sus pueblos y ciudades con criterios de justicia social, al lado de la gente. Bueno, una pequeña parte de las bases también hacía el juego a las élites a través de labores de “comisaría política”, pero en su gran mayoría eran (y son) mujeres y hombres humildes, honestos y fieles a los principios socialistas.
La respuesta de las élites regionales y federal del PSOE ante los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos diez días, creo que va a ser la vía de agua definitiva que termine por hundir un partido con 134 años de historia, que nació socialista y republicano, y languidece neoliberal y monárquico.


Respecto a la debacle en las recientes elecciones al parlamento europeo, las élites del PSOE, en un ejercicio sin precedentes, parece que apuestan por la elección de la nueva secretaría general mediante un consulta no vinculante en la que participen los militantes, eso sí, mediante un filtro de avales que evite “sorpresas”. Con esta manera de proceder se restringe el elenco de candidatos/as apenas a un puñado de actuales dirigentes, perdiendo una ocasión de oro para acometer una renovación de raíz mediante un proceso de elecciones primarias abierto a la participación no solo de militantes, sino también de simpatizantes y ciudadanía en general. La refundación (que no renovación) profunda y sincera que necesita el PSOE no puede ser liderada por quienes lo han metido en este callejón sin salida, no puede ir adelante sin nuevos procedimientos horizontales de participación ciudadana, que rompan las concentraciones de poder económico que en las últimas décadas han hinchado la desigualdad social hasta límites inhumanos.
Respecto al panorama político que se abre tras la abdicación del rey, a la élite del PSOE, junto a la del PP y UPyD, le ha faltado tiempo para sumarse a la ola de complacencia con el régimen político surgido de la Transición, ignorando el clamor de la calle a favor de un referéndum para que el pueblo decida entre monarquía o república, así como sobre otras reformas constitucionales urgentes. Los partidos políticos que no desean abrir los procesos de decisión al conjunto del pueblo soberano es porque “no se fían” de la madurez política de éste, y por lo tanto, no son dignos de representarle. Ayer, muchos militantes socialistas estaban en la calle manifestándose por la república, mientras, la élite del PSOE preparaba todo para la proclamación del nuevo rey.


Con todo mi respeto y cariño a un montón de mujeres y hombres socialistas de verdad, que he tenido la suerte de conocer y aún conservo su amistad, en esta encrucijada el PSOE vuelve a equivocar su camino, apostando por apuntalar un régimen político absolutamente agotado, corrupto, elitista, que se desarrolla de espaldas y a costa de las verdaderas necesidades de la gente. No basta autodenominarse de izquierdas o progresistas y permanecer arriba, las gentes de izquierda siempre han estado abajo, trabajando en plano de igualdad con los “nadies” de la Tierra, buscando compañeros/as de viaje en la diversidad de colectivos y formaciones políticas que aspiran a devolver al pueblo llano la soberanía que sucesivos gobiernos del PP y del PSOE han puesto en manos del gran capital.
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