6 nov. 2014

Carta a una nueva generación de comunistas: No tiréis al niño con el agua sucia

fuente: Joan Tafalla

Queridos jóvenes comunistas,
El próximo 7 de noviembre la revolución de Octubre cumplirá 98 años*. Durante cuatro generaciones, los comunistas (incluyendo mi generación, que fue la última en pensar así) no solíamos escribir el nombre de esta revolución sin acompañarlo con adjetivos como "grande" o "gloriosa". Y teníamos razón.
En 1982 Berlinguer anunció que el impulso de la revolución de Octubre se había agotado. Este enunciado provocó el escándalo de aquellos comunistas que no estábamos dispuestos a renunciar a nuestra identidad, contra esta afirmación nos rebelarse. Por otro lado provocó el interesado entusiasmo en los futuros ex-comunistas que, se aplicaron a destruir el PCI y el PCE, de aquellos que hoy están en el gobierno y en la presidencia de Italia, u ocupan cargos importantes en el PSOE, por ejemplo. Ambas partes interpretamos esta tesis como si anunciara la liquidación del comunismo como aspiración ideal de la humanidad. Creo que en ambos lados nos equivocábamos.

Berlinguer, seguramente tenía en mente los diversos pasos de los Cuadernos en que Gramsci desarrolla la idea de que el impulso de la revolución francesa duró, por lo menos hasta 1871. El historiador Eric Hobsbawm, bien conocido de Berlinguer, nos ha hecho entender qué quiere decir el impulso revolucionario de una revolución en dos obras: "Los ecos de la Marsellesa" y "Historia del siglo veinte". De hecho, creo que su idea del siglo corto siglo XX (1914-1989) está basada en la duración del impulso nacional e internacional de la revolución de Octubre.
Creo que Berlinguer quería advertirnos de un cambio de época, no liquidar la perspectiva del comunismo. Todos lo malinterpretamos. Es el drama que sufren las personas que tratan de orientarse en una perspectiva de larga duración histórica.
¿A principios de los años 1980, que quedaba del mensaje de libertad y de igualdad contenido en el Manifiesto Comunista, en el Manifiesto inaugural de la AIT, en La Guerra Civil en Francia o en el Estado y la Revolución? Seamos sinceros: nada o casi nada. Hacía falta una profunda revolución cultural y política que derrocara el poder de los que negaban el comunismo desde el poder de unos estados burocratizados. Era necesaria una profunda revolución cultural en los partidos comunistas de occidente. Hacía falta que el comunismo retornara a su razón de ser: la emancipación del proletariado hecha por él mismo. Aunque nos esforzamos, no lo conseguimos.
Al Este, el intento de reforma desde arriba, fue como una operación quirúrgica realizada "in extremis". La operación fue un éxito, pero se llevó el enfermo por delante. En el Oeste, el ascenso y la victoria del neoliberalismo cogieron a los partidos comunistas, instalados en la cultura del pacto social de 1945, sin energía ni capacidad para dar una batalla de clase de dimensiones colosales. Hoy, de la revolución de Octubre y de las organizaciones que nacieron a su calor, sólo quedan las cenizas.
¿Qué queda, pues, del comunismo? Todo, absolutamente todo. El comunismo es todavía un ideal por realizar. Esta es la extrema paradoja que en mi opinión nos deja el balance del siglo XX.
Personalmente, cada día encuentro más razones para ser comunista. Sólo tengo que abrir el periódico, o bien de pasear un rato por los barrios obreros y populares de cualquiera de nuestras ciudades, para constatar una evidencia: cada día hay más razones para luchar por la igualdad y por la libertad. Es decir, para ser comunista.
Queridos jóvenes comunistas, dos ideas para que, si os apetece, las meditéis un poco. Quizás os sean útiles. O no, no lo sé.
Primera idea. Quien quiera hacer vivir el comunismo en este su siglo deberá haber hecho el balance crítico y autocrítico de la experiencia del siglo XX. Esto incluye sus luces innegables y gloriosas. Unas luces que de hecho tampoco nos deben deslumbrar. También incluye sus sombras, con las que tenemos que ser implacablemente críticos. Para esto es se necesita mucha cultura. Esta cultura no es fácil de adquirir, precisa años de lucha y experiencia y años de estudio crítico de los clásicos y de la realidad. Luchad, leer, formaos, debatir, sed críticos, no os conforméis con las verdades simples y a medias. Una verdad a medias es una mentira completa, sed implacables en ello. Necesitamos también una visión global y dialéctica de los procesos históricos.
Segunda. El comunismo, la democracia, los ideales de igualdad y libertad no son estados finales a los que dirigirse si no "el movimiento real que ponga fin al estado actual de cosas". El objetivo importa, es esencial, central. Pero los medios, las formas, los procedimientos, la manera de hacer, también lo son. Quien quiere los fines quiere los medios. Los medios determinan la sustancia de lo que será el objetivo si éste es alcanzado. En 1968 alguien escribió en un muro: En las luchas de hoy, el socialismo del mañana. Lo dijo casi todo.
Perdonad estas recomendaciones de un viejo comunista que vive a caballo de dos siglos. Sobre todo queridos jóvenes: No tiréis al niño con el agua sucia.
Un cordial saludo de vuestro camarada,
Joan Tafalla.
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