13 oct. 2015

La deshumanización de la ONCE: Empleos mal pagados, despidos por bajo rendimiento...

Hace tres años la ONCE cambió sus estatutos y, desde entonces, vender el cupón ya no es un derecho de los invidentes. Poco después se intensificaron las suspensiones de empleo y sueldo por baja rentabilidad y en 2014 comenzó el goteo de despidos. Este año han iniciado las negativas a permitir a ciegos convertirse en vendedores del cupón y la última novedad son los contratos temporales de tres horas tres días a la semana por 470 euros. Es la ´deshumanización de la ONCE´.
María no se llama María. Tiene miedo a hablar y pide ocultar su verdadero nombre porque teme las represalias de sus jefes si descubren que ha contado su historia. María nació ciega. Durante muchos años, trabajó en la empresa privada y pudo ganarse la vida sin ayuda de nadie.
Pero llegó la crisis y la empresa para la que trabajó durante años tuvo que cerrar. Durante una temporada vivió del paro mientras buscaba otro trabajo, pero al cabo de unos meses también se le terminó, quedando a expensas de sus padres. Finalmente, decidió acudir a la Organización Nacional de Ciegos (ONCE), de la que es afiliada, y solicitar la venta del cupón.
Pese a tener cierta edad, le hicieron un contrato junior, es decir, le pagaban un 70% del total durante dos años y, al cabo de ese tiempo, si sus jefes lo consideraban, pasaría a ser ‘vendedora sénior’ y a cobrar el 100% del sueldo. Como junior, vendiendo el cupón durante ocho horas diarias cinco días a la semana, María cobraba 700 euros brutos. Poco más del salario mínimo interprofesional.
Cada día acudía al quiosco que le habían designado en Madrid. Tenía poco tránsito, asegura ella, así que era imposible alcanzar el mínimo de venta de cupones exigido por la organización a sus vendedores: 210 euros diarios, según el Convenio Colectivo aprobado en julio de 2013.
Una mañana, un día antes de que se cumplieran los cuatro primeros meses de contrato que marcaban el período de prueba, su jefe le dijo que estaba despedida por baja rentabilidad. Sin más explicaciones. Sin indemnización. Sin paro. “Me han tratado mejor en cualquiera de las empresas privadas en las que he trabajado que en la ONCE”, asegura ella.
Su calvario no ha terminado. La falta de empleo en España ha obligado a María a volver a solicitar la venta del cupón. Pero, de momento, meses después de esa petición, no le han contestado y sigue sin paro viviendo de sus padres. No es el único caso. La ONCE, cuyo último spot pide a los españoles que compren el cupón para así poder continuar con su labor social, ha denegado la venta del cupón a varios ciegos, algo que no había ocurrido nunca hasta ahora.


Un año de espera
Irina, nombre falso también, lleva esperando a que la ONCE conteste a su petición de vender el cupón casi un año. Es ciega, afiliada, y nunca ha sido vendedora en la organización. Pero ahora, tras ser despedida de su empresa y al no encontrar otras opciones durante meses, ha solicitado la venta. “Al menos ingresaría algo y no tendría que vivir de la caridad de mis padres”, explica.
“He intentado encontrar trabajo también en el grupo de empresas de la ONCE, apuntándome a la Bolsa de empleo, pero no hay trabajo para ciegos”, se queja, mientras sigue esperando que le den permiso para vender el cupón.
En la misma situación se encuentra Antonio. Ha trabajado durante tres años como vendedor con contratos interinos, es decir, sustituciones o temporales, hasta que fue despedido al cumplir esos tres años. “Por ley no pueden tenerme más de tres años de interino: hay que echarme o hacerme fijo”, explica.
Le echaron. También ha solicitado la venta del cupón pero llevan exactamente seis meses sin contestarle. “Después de esos tres años de interinidad, legalmente no pueden hacerme otro contrato temporal antes de seis meses”, explica.
Pasados esos seis meses, Antonio ha recibido una oferta de la ONCE para ponerse a vender de nuevo: un contrato temporal de un año para trabajar tres días, de sábado a lunes. Sueldo: 419,83 euros al mes. “Nos condenan a la precariedad y a la pobreza extrema”, dice Antonio

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