8 ago. 2016

Economía circular, la otra vida de las cosas

La crisis ha descubierto en nosotros un mundo de posibilidades para alargar la vida de las cosas, para sacar provecho de lo que a nosotros no nos sirve pero a otros sí. Y sacándole una rentabilidad. Y haciendo un gran favor al medio ambiente. Dar una segunda oportunidad de muchos bienes, lo que “Amigos de la Tierra” llama “Alargascencia”, y que coindice en su filosofía con lo que ahora se define como “economía circular”. Un desarrollo sostenible que en 2015 supuso un ahorro de doce millones de toneladas menos de CO2 en Europa por el efecto del mercado de segunda mano: evita la producción de un nuevo bien, lo que supone ahorro en dos vías: en la nueva fabricación y en la no gestión del desecho de lo que ahora acaba en otras manos.
Por esta y otras razones se están implantando muchos negocios que han modernizado la antigua figura del trueque, gracias a las posibilidades de que diferentes personas se pongan rápidamente de acuerdo en intercambiar un bien. Se trata de olvidar quizá absurdos recelos, y hasta complejos. Acabar con la tendencia absurda de comprar y tirar por mucho que el bien esté en perfecto estado. No lo hace ni mucho menos todo el mundo, pero se está perdiendo la vergüenza de intercambiar bienes que ya no nos sirven, que no nos son útiles y, en vez de tirarlos directamente a la basura, buscarles una segunda vida: ocurre con televisores y ordenadores, como otras tecnologías, de los que nos desprendemos simplemente porque hay otros más modernos, pero sin tener en cuenta que a otros usuarios y vecinos quizá sí le serán útiles. Ocurre lo mismo con la ropa, con el textil de los niños, con el material escolar, con elementos de decoración, con todo tipo de utensilios… Me ha encantado la última iniciativa que he conocido, la de una pareja dedicada a buscar la segunda vida de los muebles que hasta hace no mucho dejábamos sin más en el portal de la casa para que alguien se lo llevara o lo recogieran los servicios municipales. Te organizan todo, te valoran esos muebles que ya no quieres, te buscan clientes a los que si les interesan...
Y es que, ¿tiene sentido que ropa de bebés que apenas se han puesto una docena de veces, y que te ha costado un dineral, se tire sin más al cubo de la basura si ya no piensas en tener más hijos y no tienes familiares o amigos directos que la hereden?
¿Tiene algún sentido que una bicicleta de carrera que quieres mejorar por otra mejor acabe en el trastero o un rincón de la casa cuando te puede ayudar a financiar la nueva y haces un favor a quien le da perfecto uso la tuya? ¿Por qué no vendes el ventilador que ya no usas desde que has puesto aire acondicionado en casa? ¿Por qué no poner en el mercado la mesa del salón que ya no te pega con los nuevos muebles? ¿Acaso buscas un mueble donde guardar los viejos CDs que ya nadie fabrica?
Venderlo todo eso y mucho más a través de portales especializados, sacarle un dinero y beneficiar a otros usuarios no es sólo un ejercicio de economía doméstica:
- Es una manera de ayudar a personas que de otra manera no pueden acceder a determinados bienes.
- Es una manera de facilitar el acceso a productos que quizá un día quisieron pero no pudieron comprarse.
- Es evitar el despilfarro de bienes que generan más consumo de madera, de materiales para las tecnologías, de basura electrónica…
- Es una manera de evitar un consumismo peligroso que nos lleva a una cultura de usar y tirar insostenible.
- Es una forma de fomentar el consumo colaborativo, el consumo sostenible.
Y todos los que participamos en esta “rueda” salimos ganando: o sacando algo por un bien que ya daban por amortizado, o los que se ahorran una buena parte del precio de salida. Piénsatelo.
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