13 feb. 2018

La tasa de éxito o la meritocracia del rico

Pagar para triunfar. Tan sencillo como eso. Tanto tiempo intentado explicar que la cultura del esfuerzo no es más que una engañifa para amansar a la clase trabajadora y que solo sirve para atomizar la solidaridad e inculcar una falsa ilusión de progreso, para difuminar la culpa de los explotadores e introducirla en el trabajador, y tiene que ser uno de los miembros putrefactos de la sociedad el que defina con concreción y maestría en qué consiste la tan manida meritocracia.

La verdadera fortaleza del relato neoliberal sobre la meritocracia, la cultura del esfuerzo y la importancia del factor personal a la hora de alcanzar el éxito en la sociedad es la de sobrevivir y perpetuarse cuando cada semana multitud de hechos, noticias, sucesos y declaraciones lo sepultan en la cruda realidad. La clase determina con fuerza tu futuro. Importa donde naces, importa el dinero que tiene tu familia o el que tienes para pagar los peajes necesarios para lograr el triunfo.

Esta semana Pedro García, exdirectivo de Cofely, en su declaración ante el juez por el caso Púnica confesó que en su empresa, una multinacional francesa, porque esto es universal, había una partida fija para sobornos que incluían en su plan de negocios. Se denominaba ’Success fee’, o tasa de éxito.

Tasa de éxito. Sí es que es brillante. Un concepto de una genialidad involuntaria. Una confesión pornográfica que evidencia que para triunfar en los negocios; basta con pagar. ¡Qué epifanía! Ni MBAs, ni maestrías en una universidad americana, ni hostias. Lo que marca la difusa línea entre el éxito y el fracaso empresarial; es soltar la mosca. La diferencia entre conseguir contratos o no es tan simple como pagar por ello. No importa lo bueno que sean en su trabajo, o lo que inviertan en innovación, o capital humano, ni lo que se han esforzado en lograr una mayor eficiencia y capacidad. Basta con destinar una parte de lo robado a una partida destinada a pagar sobornos con los que lograr el éxito. Se cierra el círculo. Un plan perfecto. Pues sí, tiene mérito, quizás no el que intentan transmitir, pero tiene mérito. 

Ya tenemos un nombre definitivo para denominar a todos aquellos que para lograr el éxito lo único que tienen que hacer es pagárselo, ya sea con pagos a terceros, o con los pagos de terceros. La tasa de éxito es el triunfo de los privilegiados, de los hijos de papá, de aquellos que no necesitan más que firmar un cheque, que se lo firmen familiares, amigos o compañeros de El Pilar para prosperar. Mariana Calderón, hija de Ramón Calderón y “empresaria de éxito”, nos dio otra ‘business class’ magistral sobre la ‘success fee’:

“Empecé sin ningún miedo. Tenía una corazonada y la llevé a cabo. Sin plan de negocio, ni ningún Excel. Pensaba que si me ilusionaba tanto el proyecto, tenía que funcionar seguro. Todo eran ganas e ilusión, trabajaba las horas que hicieran falta y me daba igual ganar o no dinero”.

Mariana Calderón nos ha descubierto que no hay nada como tener mucho dinero para no necesitar ganar dinero. Los trabajadores normales, Mariana, necesitan ganar dinero, no les da igual ganarlo o no porque entonces no comen. No pagan el alquiler. No viven. Le ponen mucha ilusión, tienen corazonadas, están seguros de que su idea tiene que funcionar, le ponen muchas ganas e ilusión y trabajan las horas que hacen falta, pero si no ganan dinero y no tienen acceso a la tasa de éxito [tú lo llamas dinero de papá] tienen que cerrar y buscarse otra ocupación. Porque a ellos, sí les va la vida en ello.

Niegan la existencia de clases. Es algo antiguo. Niegan la importancia de haber nacido en un determinado entorno con un rico capital social y la importancia de que tu familia y contactos te doten de una posición de preeminencia para lograr el éxito, y sin embargo son los que más claro tienen qué es lo único y determinante a la hora de conseguir una posición de privilegio en la sociedad. Mienten, pero les funciona. Por eso procuran que el acceso a la ‘tasa de éxito’ solo esté al alcance de los suyos. Sus políticas e ideas están siempre destinadas a mantener la brecha de clase abierta. Se hace desde la educación, para evitar el acceso a entes extraños a sus prerrogativas conscientes de que sus vástagos aprenderán bien la lección y a su vez perpetuarán el filtro. Esta semana hemos conocido un estudio que muestra cómo la Comunidad de Madrid es la región de Europa que más segrega a sus alumnos por clase solo por detrás de Hungría. Porque ellos lo tienen claro. No hay lugar para el progreso de todos en este sistema, y si hay que segregar y seleccionar para el triunfo, mejor elegir a los de su casta.

Rafael Chirbes había contado ya cómo se logra el éxito entre la burguesía sin necesidad de que un corrupto reconociera que a lo suyo lo nombran con un anglicismo cutre es sus planes de negocio. En su libro “La caída de Madrid” cuenta la conversación entre un padre y un hijo que preocupados por cómo el fin del franquismo puede afectar al devenir de su empresa marcan el plan a seguir con su negocio. El hijo es un liberal defensor del libre mercado y que antepone los beneficios empresariales a todo, y el padre…pues el padre le explica cómo hizo que el negocio prosperara y lo que es la tasa de éxito:

“-Papá, te he dicho que a mí no me interesa más que la empresa. Aquí parece que se ha vuelto loco todo el mundo.

-Lo que dices está bien para soltarlo en un telediario. Pero a ver si es que ahora te crees que la empresa es una fruta nacida en el árbol del mercado libre. No, no nació de la libertad esta empresa. Después, sí; después hemos estado en el mercado, no sé si libre o no, aunque con muchos más apoyos que unos y con un poco menos apoyo que otros. Pero eso ha sido después. ¿O es que te crees que la contrata exclusiva del mobiliario para todos los ministerios salió de un concurso, o de alguna oposición? ¿Fue resultado de un concurso la contrata con la Dirección de Prisiones para gestionar el trabajo de los presos? La madera quemada, ¿la hemos comprado en libre subasta? Falangistas, jefes del Movimiento, procuradores en Cortes. Bah. Abre el abanico de tus relaciones”.

Lo cierto es que Rafael Chirbes ya lo ha contado todo. Porque todo está en Chirbes. Está ahí para quien quiera escuchar a alguien sabio y no a todos aquellos que intentan mostrarnos que los que tienen éxito es solo por su mérito y porque se lo han trabajado y tú, si estás en la mierda, si estás en el paro o malviviendo con un trabajo precario es porque te lo mereces. Es por tu culpa.
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