9 may. 2018

La mayor comercializadora de chufa pide la censura de un documental

Tigernut (La patria de las mujeres íntegras) es un documental aún desconocido pero muy incómodo para muchas personas. La principal afectada por el largometraje, la importadora valenciana de chufas Tigernuts Traders, ha interpuesto una demanda al director, Andoni Monforte, y a las coguionistas Llanos Rodríguez y Eva Fernández, en el que pide, entre otras cosas, que se suprima "inmediatamente" el documental y sus exhibiciones. Este lunes se ha celebrado el acto de conciliación en el Juzgado número 10 de València. El caso podría desembocar, según los autores, en el "secuestro judicial" del vídeo, como ocurrió recientemente con el libro Fariña, de Nacho Carretero. ¿Por qué no quieren que lo veas?
La chufa es el tubérculo con el que se hace la horchata, además de otros muchos productos derivados como cerveza, jabones o chocolates. Es una planta salvaje que se ha domesticado con altos rendimientos de cantidad y calidad en València; de hecho, es el cultivo económicamente más rentable para los agricultores de la zona. El otro punto del mundo donde más se produce es en Burkina Faso y Níger.
La empresa que más toneladas de chufa africana importa al año del mundo, para satisfacer la demanda de sus clientes internacionales —también españoles—, es precisamente Tigernuts Traders, de Ramón Carrión y su hijo Daniel Carrión. El documental les acusa de haber forjado una presunta trama para conseguir chufas a precios muy bajos a costa de "estafar" a familias africanas y desvela unas condiciones de trabajo de "semiesclavitud" de las mujeres, con muchas horas bajo el sol, respirando polvo "sin parar" y sufriendo constantemente picaduras de escorpiones y serpientes.
Dos ejemplos. El documental relata que algunas familias pactaron un precio justo con un intermediario enviado por la empresa de Carrión para plantar chufas en sus tierras, en lugar de diversificar los cultivos. En el momento de la cosecha, sin embargo —siempre según explica el vídeo—, les habrían forzado a vender por debajo del precio de coste. Si no vendían, no podían dar salida a tanta producción y sus familias no comerían más que chufas durante un año entero.
Otro caso que destapa salpicaría incluso al Ministerio de Sanidad español. El sector se organizó hace 20 años en cooperativas con el apoyo de las instituciones africanas y decidieron marcar un precio justo de la chufa en África, que subió de los 15 céntimos que se pagaban entonces a los 40 céntimos. Después de llegar a nuevos acuerdos con los importadores españoles, enviaron a Barcelona 200 toneladas en diez contenedores. Una de las empresas se quedó con cuatro, que pasaron la aduana sin problemas. Al resto (seis), a nombre de otra empresa, se les exigió un control sanitario de aflatoxinas y dieron un nivel superior al permitido.
Las actas de inspección, según el documental, presentan algunas incoherencias e irregularidades, como que los precintos de los contenedores eran los mismos
Las actas de inspección, según el documental, presentan algunas incoherencias e irregularidades, como que los precintos de los contenedores eran los mismos, lo que hacía sospechar que no los habían abierto ni analizado. Aun así, el Ministerio decretó una alerta sanitaria que obligó a los seis contenedores restantes a volver a África.
Allí, los cooperativistas contrataron a una empresa suiza de inspección, que para su sorpresa, les dio unos resultados negativos en aflatoxinas. Un año después, los españoles pidieron las mismas chufas supuestamente contaminadas y finalmente entraron en el mercado. Según denuncian los trabajadores africanos, fue "una trampa" para obligarles a malvender el producto.
En la demanda, firmada por Ramón Carrión, niegan las acusaciones contra la empresa y subrayan que son "falsas" y "carecen de fundamento". Tigernuts Traders ha declarado a este medio que, después del acto de conciliación de este lunes, seguirán "con las acciones judiciales pertinentes".

EL DOCUMENTAL HA SIDO SELECCIONADO EN 19 FESTIVALES 

Tigernut es un documental amateur e independiente, sin subvenciones ni productora, que ha contado con un presupuesto de 17.000 euros, se ha rodado en cuatro países y tiene diálogos en ocho idiomas. Pese a su modesta producción, se ha convertido en uno de los documentales más internacionales del Estado español en 2018: lo han seleccionado en más de 19 festivales del mundo, como son los de Nueva York, Cannes, Roma, Praga, Melbourne o Quito, donde se ha llevado recientemente el premio al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine Independiente. Ha estado en el Pan African Festival de Los Ángeles y se emitirá en el Festival de Cine por los Derechos Humanos de Amnistía Internacional en Francia.
En el Estado español se ha presentado, de momento, solo en Barcelona y en dos municipios de la comarca valenciana de l'Horta Nord: Carpesa y Meliana. A finales de año, estará en Madrid. El presidente de la Asociación de Burkineses de Barcelona, Nebon Babou Bassono, gestionó la proyección en el Instituto Francés de Barcelona, donde asegura que "hubo bastante interés"; próximamente, lo emitirán también en Girona. 

PRESIONES EN FESTIVALES

Algunos no lo han tenido fácil. El director del Festival de Cine de Derechos Humanos de Barcelona, Toni Navarro, cuenta que ha recibido presiones para evitar su visionado. "Esto es una situación inaudita. He visto a directores de documentales pasar por situaciones semejantes en Pakistán, Turquía o Marruecos. En España, aún con temáticas más controvertidas, nunca había tenido noticia de que los responsables de un documental tuvieran que vivir situaciones tan lamentables y represoras", lamenta.
En España, aún con temáticas más controvertidas, nunca había tenido noticia de que los responsables de un documental tuvieran que vivir situaciones tan lamentables y represoras
Por otro lado, el presidente de la ONG Escuela Sansana, Fernando Alonso, intentó proyectar el documental en la Casa de Valencia de Madrid. Justo antes de comenzar, asegura que le llamó el propio Ramón Carrión para advertirle de que no lo podían reproducir porque era "todo mentira" y le amenazó con denunciarlo porque era "ilegal": "Me dijo que si lo poníamos, me arriesgaba a algo muy grave". El empresario le avisó, además, de que "había una persona en la sala que iba a tomar nota de todo lo que se hablara".
Finalmente no lo pudieron proyectar por problemas técnicos, pero Alonso confía en volver a intentarlo en cuanto pueda. "Trató de amedrentarme, pero no lo consiguió", asegura. 

TODAVÍA NO SE HA EXHIBIDO EN VALÈNCIA

Es curioso el caso de València. Cuna de la chufa europea, a día de hoy todavía no se ha proyectado en la ciudad (solo en pequeños municipios de los alrededores). Ha habido intentos. El primero, en el festival DOCS València, coorganizado por el Ayuntamiento de València y la Generalitat Valenciana, entre otros. Pese a tener una "comunicación fluida" con la organización, según el director Andoni Monforte, cuando descartaron el documental y quiso saber el motivo, nunca más volvió a recibir respuesta.
Después lo envió a la Concejalía de Agricultura del Ayuntamiento de València (dirigida por Compromís) por si les interesaba difundirlo o darle apoyo de algún tipo, como sí lo ha hecho con vídeos relacionados con la huerta valenciana. De nuevo, silencio. Fuentes de este departamento alegan que los agricultores "están cansados de que se hable de lo malo", una versión oficial que contrasta con el apoyo expreso de los llauradors al documental en un pleno del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Chufa de València.
Tercer vacío. La presidenta de la Asociación CIM Burkina —y una de las denunciadas—, Llanos Rodríguez, propuso la proyección del documental en el Instituto Francés de València: "Me dijeron que lo iban a valorar, pero que no habría problema porque trata sobre la África francófona". Les envió el enlace, y de nuevo, se hizo el silencio. Tras insistir, finalmente le dijeron que no podía ser por "problemas de agenda". "Les avisé en febrero. Me sorprendió porque los problemas de agenda me los podían haber dicho desde un principio", sostiene. En cambio, el Instituto Francés de Barcelona sí lo proyectó.

Ahora, si nada lo impide, Tigernut tendrá su primera presentación el próximo miércoles 16 de mayo a las 19h en la Universitat Politècnica de València. Además, se proyectará en el cine independiente Albatexas el viernes 18 de mayo a las 20h, organizado por CIM Burkina y con debate posterior.
El presidente de la Asociación de Malienses de València, Kassim Dambele, ha desvelado que el documental también se visionará —a falta de la confirmación final del Ayuntamiento— en el marco de las actividades del Día de África que se celebra en los Jardines de Viveros el 25 de mayo. 

LOS AUTORES DENUNCIAN PRESIONES PERSONALES

Andoni Monforte, Llanos Rodríguez y Eva Fernández explican que han sido demandados judicialmente "por injurias, calumnias, atentado al honor", son acusados de "tener intereses comerciales" y se les exige que "se retracten públicamente y pidan perdón" a las empresas afectadas por el documental. Además, piden el "cese inmediato" del documental en cualquier formato y en cualquier sitio.
"Por primera vez en mi vida estoy sintiendo miedo por la vida de algunos colaboradores de este documental
Los demandados confiesan que están "sufriendo presiones personales". La imputada Llanos Rodríguez dice que se siente "acosada e intimidada", aunque prefiere no concretar para evitar problemas.
La otra coguionista demandada, Eva Fernández, es alta ejecutiva de una multinacional francesa de software y una de las responsables de Woman CEO en España. "Por primera vez en mi vida estoy sintiendo miedo por la vida de algunos colaboradores de este documental", lamenta.
Monforte asegura que Tigernuts Traders "ha amenazado con acciones judiciales" a ONGs, festivales de cine, medios de comunicación e incluso han pedido información a la Denominación de Origen Chufa de València para saber si han exhibido el documental en su sede de Alboraia".
El director denuncia dos acosos, pero sin pruebas que los vinculen con la empresa. Hace un mes el director  presentó dos denuncias ante la Policía Nacional: una porque le habían entrado en casa a robar y otra porque sospechaba que alguien leía sus correos electrónicos.
Monforte relata que un día volvió de trabajar y se encontró su casa abierta. Estaba todo revuelto. Había dinero a la vista, pero solo echó en falta tres memorias externas de almacenamiento de datos. En una de ellas, tenía información del documental, de la que guardaba copias. Denunció los hechos ante la policía y la científica tomó huellas. Aseguraron que eran "profesionales" porque iban con guantes.
Hace un mes el director presentó dos denuncias ante la Policía Nacional: una porque le habían entrado en casa a robar y otra porque sospechaba que alguien leía sus correos electrónicos
Además, ha descubierto en su correo electrónico personal mensajes "que se abren y se cierran". También lo ha denunciado ante delitos informáticos de la policía española. "Me dicen que el problema no es lo que te puedan sacar, porque ya te robaron toda la información valiosa, sino lo que te puedan meter", asegura.
No hay pruebas de que detrás de estos hechos denunciados esté la empresa afectada por el documental, Tigernuts Traders. La investigación está ahora en manos de la Policía Nacional. 

"NO SON SOLO LAS CHUFAS: ES UNA PRÁCTICA COMÚN"

El presidente de la Asociación de Burkineses de Barcelona, Nebon Babou Bassono, agradece a Monforte "el valor que tuvo en hacer el documental", pero recuerda que "no es un caso aislado": "No son solo las chufas, estas prácticas son comunes en África".
Explica que, por ejemplo, la ayuda internacional "no llega" a donde debería: se envían a las elites del país, donde los mandatarios entregan "una pequeña parte, un 10%" a quienes la necesitan "para hacerse la foto" y el resto acaba en tiendas, donde se venden a pesar de que a veces la propia etiqueta marca "que no se puede comercializar". Esto ocurre, denuncia el burkinés, con las medicinas contra el paludismo o con las mosquiteras y productos para evitar y combatir la malaria, entre otros.
¿Cuál es la solución? Él apuesta por generar conciencia y apela a la ciudadanía a "presionar" a las instituciones que envían bienes y fondos a estos países para que controlen que la ayuda llega a donde realmente debería. 
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