9 mar. 2015

De cómo abandonar un máster en investigación social para acabar trabajando en McDonalds

Me llamo Juan Alberto Guirao García, tengo 24 años y he tenido que abandonar mis estudios a mitad de curso por no poder pagarlos tras quedarme sin beca, para ponerme a trabajar en un McDonald ?s.
Con estas palabras quiero dirigirme a los que dijeron que no recortarían en Educación, a los que se aprovechan de la universidad y la quieren convertir en un negocio, y en concreto, al querido señor ministro de Educación, Cultura y Deporte y al presidente del Gobierno de España.
Todo empezó un 18 de septiembre. Recién terminada la universidad y con mi título de Graduado en Trabajo Social por la Universidad de Murcia, llegué a Madrid, con una pequeña maleta cargada de ilusión, oportunidades y muchas ganas de comenzar un nuevo proyecto: hacer un máster en Métodos y Técnicas de Investigación aplicadas al Trabajo Social en la Universidad Complutense de Madrid. Pero me vine con la cartera casi vacía.


La situación era complicada, llegaba a una nueva ciudad, una nueva universidad, un motón de trabajo por delante y la inseguridad de saber cómo iba a poder gestionar los costes que todo esto suponía: pagar un alquiler en Madrid, el transporte, mantenerme, y lo más caro, la matrícula del máster, que no es precisamente barata. Tenía la esperanza de que no saliera mal, siempre he cumplido con los requisitos para tener derecho a beca, los cuales cada año que pasaba eran más restrictivos y dificultaban su acceso: disminuía el umbral de renta y aumentaban las condiciones académicos. Aún así, terminé la carrera con buena nota, y obviamente la situación económica en mi casa seguía igual de mal (si no peor) que años anteriores. Por ello, creía que con un poco de suerte podría volver a ser beneficiario de la beca y continuar mi formación con un máster. Un máster que sólo se encuentra en la Universidad Complutense de Madrid y que respondía perfectamente a mis expectativas profesionales, tanto de formación como de interés personal: la investigación social y su intervención.
Pues así lo hice. Llegué a Madrid en septiembre y me instalé. Tirando de mis pocos ahorros y con la ayuda que mis padres me podían ir dando, fui aguantando losprimeros cinco meses en Madrid mientras esperaba que la beca me fuera concedida. Pero eso nunca llegó a suceder. Recuerdo perfectamente como el día de nochebuena, el 24 de diciembre, estando precisamente en la biblioteca estudiando para los exámenes de enero, fue cuando recibí la notificación de la resolución por correo electrónico. La abrí, la leí, y recogí mis libros. Esa fue la última vez que toqué mis apuntes del máster.
Lo primero que pensé fue que sería un error de gestión, era prácticamente imposible, siempre había sido beneficiario de la beca y no entendía por qué este año no. La única solución que tenía era poner una reclamación, ¿pero cuál era el problema? El plazo de reclamaciones comenzaba el día en que se recibe la notificación y finaliza en los 15 días siguientes, justo en los cuales están de vacaciones por Navidad y por tanto la oficina de la universidad cerrada, ¡qué casualidad!¡recibo la notificación con la beca denegada justo el día nochebuena y con un plazo de reclamación casi imposible de tramitar!
¿Y cuál fue el motivo por el que me denegaron la beca? Al parecer al Ministerio de Educación le ha parecido que este año soy rico, y yo sin saberlo. Rico por 250 euros que mi familia ha superado en el umbral de patrimonio y por lo que automáticamente me dejan sin derecho a beca. Rico, aunque en los ingresos de mi familia falten aún unos 3.000 euros para alcanzar el máximo del umbral de renta que exigen desde el  ministerio. Y ese es el motivo, aún cumpliendo los requisitos académicos y no superando el límite de renta a falta de 3.000 euros, este último año me han denegado la beca por superar en 250 euros ese umbral de patrimonio. Y no sé qué pensará Wert, pero con esos 250 euros no pago ni el alquiler de un mes en Madrid, por no hablar de los 8.000 euros que cuesta la matrícula del máster.
Mucho dinero invertido en estos cinco meses para terminar abandonado mis estudios, o mejor dicho, para que me dejen sin la oportunidad de poder continuar mi formación. La alternativa que me ha quedado ha sido la de ponerme a buscar un trabajo, que tampoco es algo que haya sido fácil, y he tenido la suerte de poder empezar a trabajar en un restaurante de comida rápida, aunque ese no era precisamente mi sueño cuándo llegué a Madrid, y aun así, doy gracias por poder trabajar ahí. Aquí se demuestra la igualdad de oportunidades, la “educación pública para todos” y los “no recortes en educación” que prometían y a la que nos están sometiendo.
Vine a Madrid para continuar mi formación universitaria y he acabado trabajando en un McDonald’s por culpa de una política que lo único que hace es aumentar las desigualdades sociales, las diferencias entre ricos y pobres, desfavoreciendo a los segundos y permitiendo estudiar solo a los más ricos. Me he quedado sin la posibilidad de hacer un máster porque no puedo pagarlo, y como yo, miles de alumnos. Y encima ahora tienen la cara de volver a querer cambiar el plan de estudios y obligar a realizar un máster, un máster que como ya he explicado, no podemos pagar. Así que, señor Ministro de Educación, Cultura y Deporte y señor Presidente del Gobierno, aquí tenéis un ejemplo de lo que estáis haciendo, seguro que a vosotros no os importa mucho lo que pueda decir porque vuestros hijos no tendrán ese problema, pero ésta es la situación a la que se enfrentan miles de jóvenes españoles, espero que os inspire un poco para vuestras próximas decisiones.

Atentamente, un ex alumno.
Juan Alberto Guirao García
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