5 jul. 2015

Si quieres otra sociedad, consume diferente

“Los ciudadanos votan cada cuatro años (y no todos), los mercados cada día”. Ésta es una frase que sirve para justificar la supeditación de la política a la economía, y más concretamente a los mercados financieros especulativos. En la medida que, como consumidores y ahorradores, formamos parte del mercado, disponemos de cierta capacidad para favorecer unas u otras prácticas económicas según a quien “votemos” con nuestro acto de comprar. Es indudable que política y economía están muy entrelazadas, pero para que mande la primera sobre la segunda es necesario tener instrumentos que apuesten por la primacía de lo social.
El Mercado Social se configura como un proyecto político-económico de reagrupamiento de personas, empresas y organizaciones para disputar en mejores condiciones y de manera solidaria, la hegemonía al capitalismo en el terreno económico, en confluencia con otros movimientos sociales y políticos que rechazan la ideología dominante. En el nivel más básico, podemos decidir comprar en una gran superficie o en un pequeño comercio solidario; tener nuestros ahorros en la banca especulativa o en la banca ética y cooperativa; al contratar nuestra luz, podemos apostar por engordar a las grandes eléctricas o a comercializadoras cooperativas como Som Energía. Según lo que hagamos, estaremos concentrando el poder de decisión en los pocos de siempre o estaremos distribuyéndolo entre multitud de actores.
Pero el poder “disperso”, si no es consciente de sí mismo y de sus iguales, queda diluido y con escasa capacidad de incidencia. “La unión hace la fuerza”, y éste es el gran valor añadido del Mercado Social como lugar de encuentro. Además de la existencia de espacios de participación para que, en la medida de nuestras posibilidades, determinemos las prácticas y metodologías de otra forma de hacer economía. Tenemos asumida la necesidad de organizarnos para conseguir derechos, libertades y reivindicaciones, pero el capitalismo ha conseguido convencernos de que el mercado es un espacio perverso que lo “mancha” todo.

de Mel

Las palabras “empresa”, “empresario” o “emprendedor” están tan asociadas (con mucha parte de razón) a prácticas de explotación y extracción de plusvalía, que apenas dedicamos tiempo ni damos opción a otros modelos de empresa basados en valores no capitalistas. Hemos terminado aceptando la dicotomía privado vs estatal, confundiendo esto último con público cuando apenas garantiza a los trabajadores la propiedad de los medios de producción. Y sin embargo cuestionamos permanentemente y de manera implacable modelos productivos que empoderan a las personas y miran mucho más por el bien común. Nos han hecho despreciar tanto la práctica económica, que creemos poco en su utilidad para la transformación social, y hemos dejado el campo libre a los de siempre para que acumulen e incrementen su poder, con nuestro “apoyo” incluido, haciendo una realidad incuestionable la frase del inicio de este artículo.
Como todo proyecto colectivo, el Mercado Social es un espacio de aprendizaje y reflexión sobre las dificultades de relacionarnos unas con otras y de vivir las contradicciones de sociedades con intereses diversos en las que no hay recetas mágicas para resolver los conflictos ni existen las personas “perfectas”. A la vez, el Mercado Social nos ofrece la posibilidad de experimentar con otro tipo de relaciones no basadas en el egoísmo, el individualismo o el consumismo, para ejercer prácticas personales y colectivas que hagan más satisfactoria nuestra vida cotidiana mientras nos vamos impregnando de mayor coherencia. Sólo así seremos más creíbles, tanto como personas como proyectos alternativos.
Por tanto, “no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy”. El tiempo urge: el desmantelamiento de los derechos sociales y políticos, junto al agravamiento de una crisis ecológica que augura un futuro con mucha menos disponibilidad de recursos, pueden ser caldo de cultivo para discursos y prácticas insolidarias y violentas. Si quieres una sociedad diferente basada en la equidad, la justicia y la solidaridad, construye herramientas diferentes, cambia tus hábitos y consume diferente. Participa, aunque sólo sea como consumidora responsable, en el Mercado Social o iniciativas parecidas; y ayúdanos a convencer a otras personas, empresas y organizaciones de que también se puede (y se debe) ir haciendo otra economía. No queremos magnificar la capacidad de espacios como estos para “tumbar” el sistema, pero tampoco hay que minusvalorar su potencialidad. El futuro no está escrito y lo podemos hacer nosotras y nosotros; con cada uno de nuestros actos expresamos una voluntad y una apuesta concreta, abrimos o cerramos posibilidades.
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