25 jun. 2017

El monopolio económico de los hombres, blancos y occidentales

La economía es aburrida, lejana y está en manos de otros. La gran mayoría de nosotros no convivimos con aquellas personas que mueven los hilos de la macroeconomía desde despachos institucionales europeos o norteamericanos. Que se plantean si "rescatan" o no países enteros, restringen la deuda, subvencionan la agricultura o el turismo, o los bancos y apuestan por servicios públicos básicos o lo dejan todo en manos del "libre mercado".

Además, también son los otros quienes lo enseñan. El monopolio de la educación económica invade las universidades, pero no sólo, ahora, con el programa de educación financiera en las escuelas, los bancos también se han infiltrado en la educación básica. No hay crítica, no hay modelos alternativos; el capitalismo no es una corriente o una ideología, es "La Verdad".

El sistema de aprendizaje es, de hecho, brillante. A todo lo que sean gastos les pondremos un nombre que suene negativo. Así pues, los salarios son costes, la inversión en educación son costes, la sanidad pública genera costes... y lo que quede para la empresa serán beneficios, ¡que suena mucho mejor!

Numéricamente todo será tan fácil como reducir al mínimo los costes que, a ojos del alumnado emocionado con los cálculos matemáticos, se habrán convertido en sólo números y dejarán de ser el acceso a la vivienda, a la educación o la medicina que salvará una vida. El lenguaje económico se encarga lentamente de convertir a las personas en números, descontextualizar de la vida real las teorías, los modelos, las operaciones, y llevarlas a un plano abstracto y simbólico que sólo se debe maximizar para obtener beneficios récord.

Quienes poseen la economía, además, casi siempre son hombres. No es sólo la brecha salarial del 25% en España, no es sólo que más de un 70% de las mujeres pensionistas reciban una prestación por debajo del salario mínimo y que una mujer parada reciba 1.825 euros menos de media cada año que un hombre en paro. Es también que las mujeres dedicamos dos horas más al día al trabajo de cuidados y del hogar, sustentando de manera invisible la parte productiva de la economía.

Y es también que, entre 2009 y 2014, las políticas de igualdad en Cataluña recibieron un 34% menos de un presupuesto ya reducido, que las leyes para erradicar la violencia machista no se doten de recursos y, por lo tanto, no se desarrollen. Y es también que a las empresas la presencia femenina no llegue al 40% y en las instituciones políticas se sitúe alrededor de este 40%. Y también, casi no hace falta decirlo, aquellos que mueven los hilos, son hombres blancos e instituciones occidentales que deciden, incluso, el destino de las zonas del mundo y cómo deben utilizar los recursos naturales para poder crecer, siempre claro, en el marco de crecimiento que ellos han inventado.

Nos hacen la economía lejana y aburrida, pero dependen nuestras vidas y, es por eso que debemos hacer nuestra. Apoderarse de ello, entenderla, analizarla. Y, como periodistas, formarnos y explicarla, para no ver ni oír nunca más sus palabras sin crítica ni alternativa. Y intentar entre todas y todos de cambiar este modelo impuesto que nos ahoga.
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