24 sept. 2015

Un ingeniero español contribuyó a destapar el escándalo de los motores trucados de Volkswagen

El ingeniero industrial y doctorado por la Universitat Jaume I de Castellón (UJI) Vicente Franco ha participado en la investigación realizada por el  International Council on Clean Transportation (ICCT) que realizó el informe que ha llevado a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de Estados Unidos a descubrir que Volkswagen había instalado un software específico para "trucar" las emisiones en algunos de sus coches diésel.
Franco, tras finalizar su trabajo de doctorado en el centro de investigación de la Comisión Europea en Ispra (Italia) bajo la dirección de la catedrática de Proyectos de Ingeniería y jefa del Grupo de Ingeniería de Diseño de la UJI Sari Vidal, se incorporó en 2013 al equipo de investigación del ICCT en Europa, donde trabaja hasta la actualidad en su sede ubicada en Berlín. El exestudiante de la UJI explica que el "escándalo" de Volkswagen se ha destapado a raíz de un estudio realizado por el ICCT para investigar las diferencias entre las emisiones de los vehículos diesel en EEUU y en Europa. Para este estudio, se realizaron pruebas de emisiones en carretera sobre tres vehículos (dos Volkswagen y un BMW) en colaboración con la universidad de West Virginia.
Al descubrir que las emisiones de los vehículos Volkswagen superaban "hasta 40 veces" los niveles de emisión de óxidos de nitrógeno (NOX) registrados en el laboratorio durante la prueba de homologación, Franco ha subrayado que alertaron a los organismos de control medioambiental de California y Estados Unidos, "que iniciaron inmediatamente una investigación que es la que ahora han hecho pública".
Paralelamente a esta investigación, han realizado un estudio europeo "que analiza más de 140 horas de datos de emisiones en carretera de 12 vehículos distintos, y que demuestra que el problema de las emisiones nocivas del diésel en Europa es gravísimo, y que es necesaria una acción urgente de las autoridades europeas para remediarlo", ha precisado Franco, encargado de dirigir el trabajo de ICCT sobre la situación de las emisiones en carretera de automóviles diésel de última generación en Europa.
El doctorado de la UJI destaca que el problema en Europa es que la legislación sobre la emisión de óxidos de nitrógeno, gases que se han demostrado perjudiciales para la salud, por parte de los vehículos diésel es "mucho más laxa que en Estados Unidos". "Esto se ve agravado por el hecho de que el porcentaje de coches diésel es mucho mayor", ha añadido.

En EEUU solo un 2% de los coches son diésel
En EEUU los vehículos diesel suponen un 2% del total de las ventas, y dos de cada tres coches de este tipo son Volkswagen, por lo que, tras esta polémica, "es de esperar que el porcentaje todavía se reducirá más", ha señalado la institución. Sin embargo, en Europa el 53% de los coches vendidos son diésel, por lo que el problema de las emisiones es "mucho mayor".
En este sentido, Franco ha lamentado la "falta de una agencia a nivel europeo con atribuciones equiparables a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de Estados Unidos", que fue en este caso la que asumió la investigación que ha destapado las "malas prácticas" de Volkswagen.
Además, Franco afirmó que los test europeos no son lo suficientemente "realistas y exigentes" a la hora de discriminar entre todos los tipos de gasóleos de automoción limpios, que "sí existen". "Nuestra hipótesis de trabajo era que los vehículos diésel en Estados Unidos tenían emisiones más bajas que los europeos", ha afirmado en declaraciones a RNE. "La expectativa era que los coches eran más limpios, y lo que ocurrió fue exactamente al revés", añadió.
En todo caso, Franco precisó que "no se puede decir que los fabricantes estén haciendo trampas". "El hecho de que haya un nivel alto de emisiones no quiere decir que haya un comportamiento deshonesto como el admitido por Volkswagen", señaló. El ingeniero recordó que en España la mayor parte de los vehículos son diésel y que sus emisiones son "un problema" a nivel europeo, ya que la tecnología para reducirlas es más compleja que en otro tipo de combustibles.
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