15 may. 2019

Amazon destruye las mercancías que no vende, un canal de TV lo ha filmado

El espacio físico para guarda algo es limitado. Ya seas un coleccionista de películas con 1.000 blurays en tu casa, o un gigante de las ventas por Internet como Amazon, siempre te encontrarás tarde o temprano con la falta de espacio. En el caso de la página web de Jeff Bezos, esto se traduce en elementos como los costes de almacenaje. Y es que si tienes un espacio enorme ocupado con productos que no se venden y necesitas un hueco para colocar nueva mercancía que sí tendrá más salida, ¿qué haces? Amazon Francia y Amazon UK tienen una respuesta bastante expeditiva a eso: Destruirla.

Amazon destruye productos que no vende
El pasado mes de enero, un reportero del canal francés M6 consiguió infiltrarse dentro de un almacén de uno de los almacenes que Amazon tiene en el país galo. Y se encontró con un área de acceso restringido en la que se veían carteles advirtiendo que era una “zona de destrucción“: una zona en la que el reportero comprobó que se cargaban cajas de mercancías y productos para ser destruidos. Pero no eran items defectuosos, sino en buen estado, sin abrir.

O sea: nuevos. Objetos nuevos como un set de LEGO Harry Potter bastante reciente que vale 128 euros; pañales infantiles y lotes de papel higiénico de 33 euros; máquinas de palomitas de 36€; juguetes Playmobil de 37 euros o incluso TVs LED de la marca LG.

Filmando todo con cámara oculta, el reportero se encontró con una empleada de seguridad y tuvo que abandonar la zona. El documental francés informó que lo registrado en vídeo era una práctica habitual en los almacenes de Amazon por Francia. De hecho, el almacén más pequeño de la web en terreno galo programó la destrucción de unos 293.000 productos en apenas 9 meses. El canal M6 obtuvo documentos que aseguraban que más de 3 millones de productos habían sido destruidos sólo en Francia durante 2018.

Por los costes de almacenamiento
Tras la investigación francesa, el periódico británico Daily Mail envió a su propio reportero encubierto para ver si esta práctica también se producía en los almacenes de Amazon en Inglaterra. El infiltrado le preguntó a uno de los encargados sobre los productos sin vender, y este le respondió que “algunos se devuelven, pero otros son también destruidos“.

Según el documental, el origine son los costes de almacenamiento. Al parecer, Amazon cobra 22 libras, unos 25 euros a las compañías por cada metro de espacio para almacenar sus productos. Esta cantidad se dispara a las 430 libras (495€) tras seis meses en caso de que no se vendan, y luego a 860 libras (990€ )al año.

Un hombre de negocios declaró que Amazon le cobraba 17 libras (19,6€) por item al solicitar que les devolvieran la mercancía no vendida, o solamente 13 peniques por destruirla. Varios suministradores han declarado que cuando sus productos no se venden, no les queda otro remedio que optar por solicitar y pagar la destrucción, que es mucho más barata porque sale mucho más económica que mantenerlos en el almacén o pedir que se los devuelvan.

La respuesta de Amazon
Según ha comentado un representante de la web de compras a Bussiness Insider, Amazon trabaja con agencias de caridad para repartir esos items que mucha gente puede necesitar, pero no puede pagar. “Nos asociamos con una cantidad de organizaciones benéficas, incluyendo In Kind Direct, una organización que trabaja con otras sin ánimo de lucro para repartir bienes a otras organizaciones benéficas por todo Reino Unido”.

14 may. 2019

CONTRA LA PLAGA DE LAS MAL LLAMADAS BEBIDAS ENERGÉTICAS

Imagínate que un adolescente de 13 años entra en un bar y pide dos tazas de café bien cargadas y quince sobres de azúcar –75 gramos–. Imagina que se mete la mezcla entre pecho y espalda. Quizá, al cabo de un rato, el chaval repita la operación. Ahora, piensa en cómo le sentará la masiva ingesta de cafeína y azúcar.

La imagen –que tomo prestada de este artículo– parece exagerada e improbable y sin embargo sucede a diario. El 68 % de los adolescentes y uno de cada cinco niños con edades comprendidas entre los 3 y los 10 años son consumidores habituales de bebidas ‘energéticas’, lo que significa que toman dos litros al mes. Sí, has leído bien: dos litros al mes, entre los 3 y los 10 años.

Por desgracia, lo anterior no es una distopía inventada por el que escribe, son datos recogidos en 2013 por la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea (EFSA), máxima autoridad europea en temas de alimentación. Y por si fuera poco, la mayor empresa de refrescos del mundo, Coca-Cola, lanza ahora su propia marca.

Las mal llamadas bebidas “energéticas”, a las que mejor deberíamos referirnos como "agentes nerviosos bebibles", son una plaga inadvertida que afecta a niños y niñas desde los 3 años. “Los datos son bastante alarmantes, ya que el consumo de estas bebidas está desaconsejado a niños y adolescentes y el consumo tan elevado en estas edades tiene que preocuparnos”, opina Mireia Termes, doctora dietista y nutricionista del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Su composición, que no satisface ninguna necesidad nutricional, suele sumar 32 miligramos de cafeína y 15 de azúcar por cada 100 mililitros. Según la EFSA un adolescente de 13 años, con un peso medio de 47 kilos, no debería consumir más de 147 miligramos de cafeína al día y la Organización Mundial de la Salud recomienda reducir la ingesta diaria de azúcar libre a 25 gramos. Así, con una lata de medio litro, el formato más extendido, una persona de esa edad estaría superando en una sola ingesta las cantidades diarias máximas de cafeína y triplicando las de azúcar libre.

Los peligros de las bebidas energéticas
Según la doctora Termes, “hay estudios que relacionan su consumo con trastornos del estado de ánimo, alteraciones del comportamiento, diabetes e hipertensión arterial, problemas dentales y empeoramiento de otras patologías base como el asma o enfermedades cardíacas”.

Para el nutricionista Julio Basulto, estas bebidas encierran otros peligros de carácter muy grave: “En primer lugar, son una bomba de cafeína, un niño que las beba se pondrá nervioso, tendrá problemas de concentración, padecerá de insomnio y todo eso se traduce en fracaso escolar”.

En cuanto a la cantidad de azúcar, Basulto declara que “tienen mucho más azúcar que los refrescos, que ya es decir, y eso aumenta el riesgo de caries y obesidad y desequilibra la dieta”.

Según el nutricionista, la definición de bebida "energética"es un peligro en sí misma: “La han inventado los fabricantes, pero el concepto no aparece en ningún código alimentario. La EFSA lo considera engañoso y prohíbe que esas bebidas se atribuyan la capacidad de energizar. Te ponen nervioso, pero estar nervioso no es lo mismo que tener energía: una cosa es temblar y otra es subir una montaña”.

Basulto también señala una falsa sensación de seguridad. A este propósito, declara que “un reciente estudio realizado en Alemania relaciona el consumo de estas bebidas con una mayor predisposición a asumir conductas temerarias”. Además, este estudio las relaciona con el consumo de ciertas drogas, aspecto que confirmaría el Informe sobre Alcohol, Drogas y Tabaco 2017 realizado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones.

Por último, –aunque por orden de importancia tal vez debería aparecer en primer lugar –, Julio Basulto señala el peligro de mezclar estas bebidas con alcohol: “Inducen a beber más, lo que aumenta el riesgo de coma etílico. ¿Por qué? Porque el alcohol tiene un efecto depresor del sistema nervioso central, provoca un sueño o cansancio que lleva a dejar de beber, y las bebidas energéticas enmascaran ese efecto”.

Sobre los riesgos de mezclar las bebidas “energéticas” con alcohol, también advierte en este vídeo Abel Mariné, catedrático emérito del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona: “Su ingesta no compensa en absoluto los efectos del consumo del alcohol en la coordinación motora y esto es muy importante, porque hay gente que toma, sobre todo jóvenes, estas bebidas creyendo que habiendo tomado algo de alcohol podrán conducir y no, creerán que podrán conducir, con lo cual serán mucho más peligroso”.

Por cierto, si eres adulto no te confíes: un estudio publicado en 2015 en el Journal of the American Medical Association (JAMA) señala que también son perjudiciales para tu corazón.

La última en llegar no es mejor que el resto

En este contexto, Coca-Cola acaba de lanzar Energy, una bebida cargada de falsa energía que competirá con Red Bull, Burn o Monster (aunque la multinacional también participa en las dos últimas). Desde su página web, la marca se dirige por igual a gente que está estudiando -jóvenes- y trabajando, y declara que su pócima no contiene taurina, como si eso la hiciera más conveniente.

Según Basulto, “nuestro cuerpo genera y metaboliza taurina cuando lo necesita. La que se ingiere no hace nada. De hecho, no tiene ningún efecto nocivo”. Pero añade: “Hay varios investigadores que dicen que el efecto de mezclar taurina, vitaminas y guaraná es impredecible”. A pesar de carecer de taurina, esta bebida no es muy diferente del resto. La proporción de cafeína –32 mg por cada 100 ml– y azúcar –10,3 g por cada 100 ml– es parecida al de sus competidoras. Eso sí, venden una versión “sin”.

Esther Morillas, directora de Marketing de Coca-Cola Iberia, ha declarado a EL PAÍS que con un sabor parecido al del refresco rojo se elimina "la barrera que lleva a algunos consumidores a no entrar en la categoría”, objetivo nada deseable desde el punto de vista de la salud de sus usuarios. Rafael Urrialde, director de Nutrición de Coca-Cola, asegura que esta bebida se comunicará exclusivamente a mayores de edad. "Concretamente nos dirigimos a adultos entre 20 y 29 años, que en un momento determinado quiere una alternativa a un café o que quiere tomar una bebida energética".

¿Qué podemos hacer?
El auge de las bebidas energéticas nos ha cogido desprevenidos como sociedad. Son relativamente nuevas en el mercado, suelen confundirse con bebidas isotónicas o para deportistas –no tienen nada que ver–, los padres y madres no tienen demasiada información al respecto y se comercializan dirigidas a los más jóvenes –precisamente a quienes más perjudican–, es decir, pasan inadvertidas a los adultos.

Sin embargo, en casa podemos tomar medidas. La doctora Mireia Termes nos da los siguientes consejos: “Es muy importante que no tengamos estos productos en casa y que expliquemos a nuestros hijos e hijas por qué no las compramos. Además, es muy importante que las madres y los padres eliminen estas bebidas de su alimentación habitual y no solo para dar ejemplo, sino también por el efecto negativo que comportan en su salud”.

La responsabilidad de informar y etiquetar claramente sería de los fabricantes pero, claro, ¿añadirán en su etiqueta algún tipo de mensaje para disuadir a los adolescentes de su consumo? ¿Retirarán la publicidad del horario infantil? Por ahora, no.

Urge una mayor regulación de este tipo de bebidas. Empezando por el nombre –algo que da energía aparentemente es bueno–, siguiendo por programas de salud que expliquen los riesgos de tomar estas bebidas a los más jóvenes y continuando con un mayor control sobre su venta. En Lituania y Letonia la venta a menores está prohibida desde 2014 y 2016, respectivamente. ¿Cuánto tardará España en seguir su ejemplo? Esperemos que el Gobierno actúe con toda la energía necesaria para dar alas a una regulación cuanto antes.

13 may. 2019

El Gobierno del PP en Madrid deja una sanidad pública en estado crítico

El balance de legislatura (2014-2019) de la Comunidad de Madrid en materia sanitaria no puede ser más desalentador. Los datos recogidos por el Observatorio Madrileño de Salud, del que forman parte ayuntamientos, sindicatos, asociaciones profesionales y distintas entidades sociales, sitúan la sanidad pública madrileña en parámetros negativos muy alejados de la media del resto de comunidades autónomas.

El deterioro del sistema se ha ido fraguando en las dos últimas décadas con una legislación autonómica enfocada a privatizar progresivamente el sistema, un camino que, en buena medida, ya dejó expedito la ley estatal de 1997 al permitir, entre otras cuestiones “la prestación y gestión de servicios sanitarios y sociosanitarios llevarse a cabo, además de por medios propios, mediante acuerdos, convenios o contratos con personas o entidades públicas o privadas”.

Una sanidad pública infrafinanciada

El principal problema el sistema sanitario público madrileño es una financiación insuficiente. Si el presupuesto sanitario madrileño alcanzara en 2019 el promedio per cápita de las CCAA tendría que haber sido de 9.514 millones de euros y el realmente aprobado fue de 8.106 millones, es decir 1.400 millones menos de lo necesario para igualarse al gasto per cápita promedio de las CCAA.

La falta de recursos para la atención primaria es otro asunto relevante, ya que se ha pasado del 12,67% del presupuesto total en 2010 al 11,63% en 2016 y continúa bajando, llegando en 2019 al 10,9%.

Por contra, las cantidades dedicadas a la privatización se han incrementado notablemente mientras que por ejemplo las partidas para infraestructuras han ido descendiendo, lo que explica el mal estado de las mismas que se ha expresado en numerosos incidentes (techos caídos, rotura de cañerías, etc.).

Asimismo, el gasto farmacéutico ha ido en aumento, alcanzando el 21,51% en los últimos 4 años. Entre 2014 y 2018 se ha producido un crecimiento del gasto hospitalario del 27,68% y del gasto en recetas del 17,48%, este último, a pesar de los copagos farmacéuticos (aproximadamente 400 millones de euros anuales que aportan los ciudadanos directamente de su bolsillo) y de que 169.000 personas señalan no tener acceso a los medicamentos prescritos por problemas económicos.

La atención primaria, marginada y deteriorada

La progresiva desfinanciación de la atención primaria se ha traducido en una mayor presión asistencial y en demoras en las citas médicas. Madrid se encuentra por encima de la media en número de tarjetas sanitarias individuales por profesional.

Además, el Gobierno del PP ha dejado sin abrir los nuevos centros prometidos, manteniendo los recortes de personal y a la vez introduciendo medidas que empeoran y privatizan la atención primaria, como los llamados centros en transición y los recortes horarios en 14 centros de salud.

Según el informe, en atención hospitalaria y especializada, existe una media de espera de 148 días, y 590.517 personas están en listas de espera reconocidas, lo que supone un 8,96% de la población.

Las demoras en las citas en atención primaria se han incrementado y son excesivas, solo un 47,1% recibe cita en 48 horas y hasta un 14,7% en más de 6 días.

Se ha producido una reducción del total de camas hospitalarias con financiación pública en la región (793 camas menos) que además tiene una de las ratios más bajas por habitante. Esta reducción se ha realizado en los centros de gestión totalmente pública mientras aumentaban en los centros de gestión privada y semiprivada.

Las urgencias hospitalarias han tenido un gran aumento en la región y se encuentran saturadas debido a la política de recortes y a la mala gestión.

Recortes de personal

Una gran parte de los recortes presupuestarios han ido a cargo de la disminución de las partidas presupuestarias de personal.

Un menor número de profesionales trabajando, además del incremento de la jornada laboral de 35 a 37,5 horas semanales y su cálculo en cómputo anual, ha supuesto que cualquier profesional trabaje 19 días más al año que 10 años antes.Según las Memorias del SERMAS, mientras que en 2009 había 75.490 profesionales, en 2017, último año disponible, había 70.171 efectivos, lo que significa todavía una reducción de 5.319 puestos de trabajo.

12 may. 2019

La cooperativa renovable Som Energia espera facturar este año más de 64 millones y suma 37 socios al día

Som Energia, cooperativa de consumo y producción de electricidad 100% renovable sin ánimo de lucro con sede en Girona, espera ingresar este año más de 64 millones de euros a través de sus tres patas de negocio (comercialización, producción y actividad cooperativa), según el presupuesto que ha puesto a disposición de sus socios de cara a la asamblea anual del próximo 25 de mayo.
La documentación difundida de cara a esa reunión, cuyo orden del día publicó la cooperativa el viernes, refleja que en 2018 se incorporaron a ella 13.790 socios, cifra récord que implica un crecimiento del 31% en su base de cooperativistas y que equivale a una media de más de 37 socios al día y más de 1.100 al mes.
Som tiene actualmente, según su web, más de 57.400 socios y cuenta con 96.173 contratos de suministro eléctrico en vigor, frente a los 54.099 cooperativas y 86.262 contratos que tenía a cierre de 2018 (un año antes eran 41.050 socios y 59.994 contratos). Al ritmo de los últimos años, este ejercicio superará previsiblemente la barrera de los 60.000 socios y los 100.000 contratos.
El año pasado, su cifra de negocios consolidada fue de 49,4 millones, un 52,1% más, según las cuentas que someterá a la aprobación de sus dueños. Estos se reparten por toda España, aunque más del 66% está en Catalunya. Madrid es la segunda comunidad autónoma en importancia, con el 7,5% del total de socios. Más del 94% son particulares, aunque también hay empresas, administraciones públicas, comunidades de vecinos, cooperativas, asociaciones y fundaciones.
Con una plantilla de 67 personas contratadas el pasado ejercicio, Som ha logrado captar 11,3 millones de euros entre 2012 y 2018 entre 6.517 socios para promover proyectos de energía renovable y ha llevado a cabo iniciativas como la adquisición en 2017 de una planta fotovoltaica en Ávila que se había quedado a medio construir durante la crisis y que se puso recientemente en marcha.
Sin embargo, el fuerte crecimiento de su actividad de comercialización llevó a que el año pasado Som solo lograse cubrir con producción propia (fotovoltaica, biogás e hidráulica) el 3,33% de los 246.825 megavatios hora que vendió.
Sus cuentas de 2018 reflejan un resultado positivo de 554.000 euros, un 9,2% menos, que, según el preceptivo informe de sus interventores, logró gracias a "las aportaciones de socios por donativos voluntarios de un céntimo de euro por kWh consumido", que "tienen un peso muy relevante en el resultado final". En 2018, esos donativos, que Som espera que alcancen los 647.000 euros este año, sumaron más de 566.000 euros.
Sin ellos, el resultado de explotación (antes de resultados financieros e impuestos) "hubiera sido negativo" en algo más de 22.000 euros, según los interventores, que destacan que "un donativo aportado voluntariamente sólo por una parte de los socios permite a la cooperativa tener un resultado que casi coincide con él. Entendemos que se debería realizar una reflexión sobre su aplicación y uso, la voluntariedad, y su contabilización y fiscalidad".
El informe deja negro sobre blanco la dificultad de rentabilizar la actividad de comercialización al margen del oligopolio de las compañías verticalmente integradas que forman Endesa, Iberdrola, Naturgy, EDP y Viesgo (Repsol). Los interventores señalan que el criterio acordado por la asamblea de mantener un margen comercial bruto de entre el 4% y el 6% para establecer los precios de venta de electricidad "resulta insuficiente para asegurar un resultado comercial positivo".
Así, en 2018, el margen comercial bruto de Som fue del 6,18%, algo menos de 3 millones, mientras que los gastos corrientes (3,12 millones) supusieron un 6,49% de las ventas de electricidad, lo que llevó a un Ebitda (resultado comercial) negativo de 144.444,98 euros. "Consideramos imprescindible cambiar el criterio actual para establecer los precios de venta de electricidad de la cooperativa para asegurar un EBITDA positivo de al menos un 1 ó 2 por ciento sobre las ventas", concluyen los interventores.

Gestión participativa

Con una gestión participativa basado en el debate entre sus socios de las propuestas que llegan a la asamblea anual a través de 53 grupos locales repartidos por todo el Estado, Som Energia nació en 2010 con el objetivo de cambiar el modelo energético hacia uno 100% renovable y democrático y se ha consolidado como uno de los ejemplos más relevantes de socialización de la energía en España.
Actualmente, ocupa un lugar destacado entre las pequeñas comercializadoras que están haciendo frente a los gigantes del sector, que el año pasado lograron superar por primera vez el 10% de cuota de mercado en el segmento liberalizado de baja tensión (domésticos y pymes), hasta situarse en el 11,2% al cierre de 2018. Acabaron el ejercicio con 423.307 clientes más, hasta los 2.039.401 suministros, un aumento interanual del 26,2%.