20 ago. 2019

La religión es cosa de viejos: los jóvenes de todo el mundo cada vez se desenganchan más de ella

Pese al sinfín de elementos culturales, demográficos, sociales y económicos que les separan, los jóvenes de todo el planeta parecen tener algo en común: están dejando de lado a la religión. Una encuesta reciente de Pew confirma que, en agregado y a nivel global, la mayor parte de las nuevas generaciones se sienten menos religiosas que las antiguas. Creer, ir a misa o formar parte de una congregación cualquiera comienza a ser, poco a poco, cosa de pasado.

¿Cómo? El proceso de secularización es bien conocido en Occidente, un arco cultural repleto de países ateos y jóvenes radicalmente separados de la idea de Dios, pero se antojaba extraño en otros puntos del globo. Sin embargo y de forma paulatina, las nuevas generaciones de rincones antaño muy religiosos como Irán, Nigeria, Polonia, Argelia o Brasil dan una menor importancia a la religión en su día a día. Es un hecho singular porque les separan culturas muy diversas.

¿Por qué? En algunos casos emerge un patrón: el progresivo desarrollo económico de sus sociedades. La secularización en Europa y América llegó de la mano del paso de una economía tradicional a una moderna, donde el rol de la Iglesia y de la identidad religiosa como aglutinador de las comunidades pasó a un segundo plano. Otros estudios, sin embargo, apuntan a que las personas tienden a volverse más religiosas conforme suman años a sus espaldas.

El efecto de la conectividad global y las nuevas tecnologías, en plena sociedad del conocimiento, puede haber jugado otro papel (los jóvenes se conectan más a Internet).

Las re(li)giones. Las mayores brechas ilustradas por Pew se dan en Europa y América, donde la importancia declara de la religión para grupo de edad puede diferir en más de 20 puntos porcentuales (es el caso de Canadá, Dinamarca y Australia, además de Corea del Sur). En alrededor del 70% de los países latinoamericanos y en la mitad de los europeos los jóvenes son significativamente menos religiosos que sus mayores. Son los casos más evidentes.

En África y Asia las diferencias son menores, y en la mayor parte de los casos inexistentes. Por religiones las cifras también varían: sólo en un cuarto de los países musulmanes existe brecha generacional, por la mitad de las naciones cristianas.

¿Muere la religión? No. Las cifras de la encuesta ilustran procesos a gran escala, en múltiples puntos, pero no globales y replicables en cada país. Más importante aún, aunque los jóvenes sean cada vez menos religiosos, allí donde aún lo son el crecimiento demográfico es mucho mayor. La mayor parte de los países de mayor desarrollo poblacional son muy religiosos (Pakistán, Níger, Chad, Ghana o Etiopía, entre otros muchos). También son países más pobres que la media global.

¿Entonces? Confluyen varios fenómenos paralelos: por un lado, el crecimiento del ateísmo como minoría global en pleno auge demográfico de la religión; por otro, el desenganche de los jóvenes a la religión como factor identitario o aglutinante, primer paso hacia la secularización; y por otro, el crecimiento poblacional muy destacado de los puntos del planeta más religiosos. Es decir, un escenario donde la religión se hace más fuerte, pero también más focalizada, y donde pierde terreno allí donde hay más desarrollo económico y entre los más jóvenes.

Gafas de desperdicios hechas para durar

Nos llamamos Parafina porque nos gusta el mensaje surfero del respeto por el mar y su estilo de vida [la parafina se utiliza en las tablas para que no resbalen los pies]”, relata Alfonso de Luján, fundador junto con Samuel Soria de una empresa que vende gafas de sol, ópticas y de presbicia desde 2014. Cerraron 2017 con dos millones y medio de facturación y están en 40 mercados. El producto intenta adaptarse a los estándares del ecodiseño y su plan para el año que viene es convertirse en Empresa B (B Corporation), una certificación medioambiental expedida por una firma estadounidense. “Queremos que se nos audite no solo el producto sino la forma de trabajar y nuestras oficinas”.
Parafina no nació como una empresa que hacía gafas con materiales reciclados. El plástico PET (muy usado en envases y bebidas), la madera y los neumáticos llegaron después. El proyecto surgió en un viaje a Paraguay, donde estos dos socios, compañeros de económicas y amigos quisieron contribuir a la escolarización de los niños. “Vivíamos en Suiza, teníamos nuestro trabajo, ambos en el sector financiero y queríamos emprender. Decidimos vender gafas, camisetas y accesorios en pop up stores [tiendas efímeras] y que lo recaudado fuera para Paraguay. “El producto encantó. Samuel quería profesionalizar el tema, arriesgar, que dejase de ser un chiringuito, y ahí empezamos a crecer, a fabricar nosotros y a abrir puntos de venta”.
Arrancaron con 40.000 euros de financiación propia y no han captado más capital. “Nuestra línea pretende ser social y ecológica, aunque seamos una empresa con ánimo de lucro, el 10% de las ventas se destina a proyectos sociales”. Su baza no está en vender barato y generar compras por impulso. “No nos interesa que el producto se rompa, solo ocurre en un 0,5% de los casos, cuando la media es de 7% en marcas premium, ni que los clientes se tengan que volver a comprar otras, queremos vender gafas porque se recomienden, por ser un producto duradero. Creemos en que se pueden hacer productos que duren, cuyo impacto a la hora de confeccionarlos sea mínimo, con materiales reciclados”, cuenta de Luján. Compiten con las grandes marcas de gafas, en los mismos lineales y puntos de venta a precios parecidos. Las gafas son hipoalergénicas, flotan y son flexibles y, aseguran “están diseñadas para no romperse”.
Hasta febrero confeccionaban las gafas allí donde encontraban el material “para no contribuir a aumentar la huella de carbono”; sin embargo ahora disponen de factoría en China, lo que les “permite controlar” el proceso. “Al país llegan enormes cantidades de basura. Los vertederos de Europa acaban en China. El de la basura es un mercado enormemente lucrativo”. En la planta de Shanghái tienen un equipo de 25 trabajadores: 13 españoles y 14 chinos, entre ellos, el departamento de fabricación e I+D, que hace pruebas sobre materiales. Para el primer modelo que sacaron llegaron a hacer “más de 200 pruebas, nos decían que no era posible, pero seguimos intentándolo”, explican Soria. Madrid completa el equipo con otros 20 trabajadores, entre administración, recursos humanos, marketing, diseño, comerciales y compras.
Tienen de 17 patentes, entre ellas la de modelos en aluminio reciclado, goma, corcho y eco-silicona. “Hemos sacado unas en caucho, que es rueda reciclada; es un material que puedes estirar”, apuntan. También fabrican en tela (han cerrado acuerdos con tiendas que les han cedido excedente de tela vaquera y algodón) y en plástico. Están cerrando un acuerdo con una conocida marca de agua para usar sus botellas. “Creemos en las sinergias y colaboraciones. Primero porque todos somos emprendedores de aquí, pero segundo porque creemos en otra forma de fabricar”, explica Soria. Trabajan para llegar a acuerdos con Iberia, Cabify o Ecoalf, entre otras.

Proyectos sociales

Además de la vertiente ecológica está la social. Confían en que esta les ayude a “rejuvenecer un sector que se queda antiguo y tiene poco impacto”, apunta Samuel Soria. Una persona del equipo se dedica exclusivamente a las donaciones y a controlar la transparencia de las operaciones. “Colaboramos con otros proyectos sociales que no lideramos, pero aportamos valor. Van desde hacer unas gafas rosas para el día del cáncer y que todo lo que se recaude vaya a la AECC a colaborar con la fundación Barraquer en África. Estuvimos con ellos y dimos gafas a los niños que las necesitaran. Además, contamos con personal en riesgo de exclusión social, de Inaequo”.
Sus gafas se venden en 40 mercados, entre ellos, España y Japón (los más rentables). Exportan a Singapur, Australia, Europa, Turquía, Grecia, Italia, Estados Unidos y Latinoamérica. En estos países venden, sobre todo, en grandes superficies, similares a El Corte Inglés de España; en muchas tienen su propio espacio. El 80% de sus ventas se realizan a través de canales físicos a través de terceros. En su página web, que quieren potenciar este año, solo tienen el 20% de su catálogo, así que su estrategia de crecimiento pasa por empezar a franquiciar en 2019, aprovechando los distribuidores que ya tienen “y dándoles la oportunidad de vender el producto en exclusiva”.

16 ago. 2019

Sulfitos: por qué son un aditivo alimentario que genera dudas

Los sulfitos, especialmente el anhídrido sulfuroso o dióxido de azufre, son unos viejos compañeros de viaje de la civilización humana. Están muy relacionados con el abandono del nomadismo y la adopción de la agricultura, pues se trata de productos relativamente poco tóxicos pero muy eficaces como bactericidas, fungicidas, conservantes del color y antioxidantes. En la antigua Roma se usaba el anhídrido para limpiar bodegas y en Grecia se espolvoreaba azufre sobre las ropas y dejaban al sol para que con este de catalizador se oxidara y actuara de desinfectante.
Posteriormente desde que se conoce la conservación de vinos, sidras y diferentes tipos de conservas, se ha usado el anhídrido sulfuroso y con los avances en química también han entrado en juego otros sulfitos como aditivos alimentarios. De tal suerte, bajo esta denominación genérica, se agrupan una serie de aditivos regulados en la Unión Europea con la etiqueta E22x:
  • E 220 Dióxido de azufre
  • E 221 Sulfito sódico
  • E 222 Sulfito ácido de sodio
  • E 223 Metabisulfito sódico
  • E 224 Metabisulfito potásico
  • E 226 Sulfito cálcico
  • E 227 Sulfito de ácido de calcio
  • E 228 Sulfito ácido de potasio
Para todos ellos la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), fija un máximo de ingesta diaria acumulada de 0'7 mg/kg. Es decir que si, por ejemplo, pesamos 80 kilos, la cantidad máxima recomendada es de 56 mg. Por otro lado, si un alimento contiene más de 10 mg por kilo o litro, la EFSA estipula que deberá indicar en su etiquetado la proporción exacta de sulfitos. De todos modos se debe subrayar que la dosis considerada tóxica es de 70 mg/kg, 100 veces la dosis diaria acumulada recomendada, con lo que e margen de seguridad es muy alto.

¿Por qué preocupan a las autoridades?

Sin embargo, aún jugando con estos márgenes tan altos, y a pesar de su utilidad y eficacia como biocidas y antioxidantes, la presencia de los sulfitos en los alimentos generan preocupación por dos motivos. El primero sí está relacionado con la cantidad y es que destruyen la tiamina o vitamina B1. La tiamina la obtenemos de los más variados productos, especialmente carnes, pescados y vísceras, pero también cereales, frutas, hortalizas y verduras.
La tiamina participa en reacciones químicas de respiración celular y es la encargada de ayudar a las células a transformar los hidratos de carbono en energía, así como en la síntesis de ácidos grasos y en el transporte de sodio, por lo que su hipotético déficit es bastante problemático. De ahí que se quiera evitar su presencia en determinados alimentos como carnes y pescados frescos, donde se podría utilizar como colorante, ya que mantiene el color más tiempo. 
Imagen: Xemenendura
Imagen: Xemenendura
El segundo motivo de preocupación de los sulfitos es precisamente las reacciones de irritación que provoca en personas asmáticas, muy sensibles químicamente a ellos. Al parecer, hay evidencias científicas que los sulfitos irritan las vías respiratorias a entre el 2% y el 5% de las personas asmáticas, y para ello bastan dosis relativamente pequeñas. De ahí que Manuel explicara que al beber vino sufre tos asmática y rinitis, no es nada extraño si el vino -sucede con la mayoría- contiene sulfitos.
De hecho todos los vinos los contienen de forma natural o bien como subproductos de las fermentaciones de la levadura, pero tradicionalmente se añaden a la cuba en la que se realizará la fermentación para que proteja al vino de las oxidaciones. No obstante, hoy en día se está desarrollando técnicas con los taninos del propio vino para no tener que añadir sulfitos.

¿Qué alimentos pueden contener sulfitos?

Por otro lado, a veces se añade a las hortalizas frescas, especialmente a la lechuga, para que la hoja conserve su color y su frescura, lo que puede explicar si presencia en ensaladas si estas no se han lavado bien. Aunque esta práctica está expresamente prohibida por la EFSA desde 1986, excepto en el caso de las patatas frescas, y además es posible que los sulfitos procedan de la propia lechuga o de fermentaciones que hayan tenido lugar en su superficie, por lo que siempre se recomienda el lavado.
Además de en hortalizas, verduras y frutas frescas, los sulfitos están prohibidos en carnes frescas y pescado fresco, así como marisco que se vaya a consumir fresco, para evitar la destrucción de la tiamina. En cambio, su uso está permitido en fruta desecada, productos de bollería y pastelería con frutas desecadas, gelatinas de frutas, mermeladas, frutas glaseadas, aderezos para ensalada, bebidas (zumos, vino, sidra y cervezas), sucedáneos de carne, pescado y crustáceos, salchichas y longanizas frescas, crustáceos frescos, congelados y ultracongelados (gambas y camarones), crustáceos y moluscos cocidos, y patatas procesadas. 

15 ago. 2019

Jaime Lerner: “El coche es el cigarrillo del futuro. Prácticamente va a desaparecer”

EL “METRO sobre ruedas”, la escolarización a cambio de un cesto de comida para la familia o la expropiación de parte de los bosques han sido algunas de las propuestas revolucionarias que sanearon Curitiba (Brasil) sin apenas inversión. Pionero de la soste­nibilidad y experto en lograr grandes cambios con pocos medios, el arquitecto brasileño Jaime Lerner, de 80 años, entró en política, dice, por responsabilidad. “El alcalde estaba destrozando la ciudad”. Y dejó escrito su ideario en el libro Acupuntura urbana (2003).
Llega al salón del hotel cojeando. Hace seis meses que lo operaron de la columna. Pero ha venido hasta Pamplona para dialogar —en el congreso Menos arquitectura, más ciudad— con el otro gran defensor de la peatonalización: el danés Jan Gehl. Pide agua, pero a las cinco de la tarde el bar del hotel Tres Reyes está cerrado. “Tendrían que esperar a las siete”, aclaran en recepción. La ­asistente del fotógrafo le ofrece su botella de agua. “Eddie Murphy siempre pregunta: ‘¿Dónde van cargando todo el día esas botellas de agua? ¿Al desierto?”. Suelta una ­carcajada y se bebe el agua.
“El coche es el cigarrillo del futuro. Prácticamente va a desaparecer. Será solo para viajes y ocio, no para la ciudad”
Lerner se metió en política porque el alcalde de Curitiba había ampliado las calzadas para que pasaran más coches. “Cuando se amplían las calzadas se estrecha la mentalidad. Y se destruye la historia”, sostiene.
Corría 1964, era todavía estudiante cuando, con varios compañeros, ideó el Plan de Circulación de su ciudad. En 1971 fue elegido alcalde a dedo, por la dictadura militar… ¿Lo nombraron los militares y se puso en contra de su política? “El régimen no quería protestas. Por eso encauzaron las quejas en las ciudades. Me podían echar en cualquier momento, igual que me habían nombrado. Mi equipo estaba formado por jóvenes comunistas. Sabíamos que teníamos poco tiempo. Por eso los advertí: ‘Tenemos que trabajar rápido”. Su primera idea fue convencer a la gente de que el coche no era importante. “Es el cigarrillo del futuro. Va a desaparecer de casi todas partes. Si hay que seguir fabricándolos para crear empleo, serán para viajes y ocio, no para la ciudad. No hay futuro urbano si el transporte depende de vehículos particulares”, sentencia.
El cuaderno que siempre lleva consigo donde anota lo que le llama la atención.
El cuaderno que siempre lleva consigo donde anota lo que le llama la atención. 
En 1971, Curitiba tenía 700.000 habitantes. Era la típica ciudad extendida, “brasileña”, apostilla Lerner. Costaba horas llegar de las afueras al centro. Por entonces se decía que cualquier urbe con un millón de habitantes tenía que tener un metro. Pero ellos no disponían de dinero para construirlo. Se plantearon hacer uno en la superficie, “un trolebús, pero en barato: autobuses con pocas paradas y en un carril exclusivo”. Y crearon tubos en las paradas para hacer posible el embarque rápido por varias puertas, como en el metro. “Funcionó. La gente no tenía que esperar más de un minuto”.
Los autobuses prepararon la expulsión de los coches de Curitiba. Y, solucionada la movilidad, la con­secuencia inmediata fue la mejora de las áreas verdes. Pasaron de medio metro cuadrado por habitante a 50. “Hoy estamos en 60 metros cuadrados, uno de los índices más altos del mundo”, precisa.
De nuevo sin dinero, en lugar de construir plazas lo que hicieron fue cuidar mejor los bosques existentes. “Si una familia tenía un área de 100.000 metros cuadrados, expropiábamos 80.000. Los propietarios se quedaban con 20.000 para siempre, libres de impuestos, a cambio de que la venta fuera económica para la Administración. Y el apellido de la familia —Barigui, Tanguá…— daba nombre al parque. Fue una solución ganadora. Partimos de nada y multiplicamos el espacio público. La creatividad empieza cuando quitas un cero al presupuesto. El exceso de medios conduce al despilfarro”.
Lerner ideó su libro Acupuntura urbana tomando notas en la calle de problemas reales. Hoy mantiene esa costumbre.
Lerner ideó su libro Acupuntura urbana tomando notas en la calle de problemas reales. Hoy mantiene esa costumbre. 
Lerner es tajante al no defender la participación ciudadana. “Es poco eficaz. Para que las cosas funcionen tienes que preparar un escenario que la gran mayoría entienda como deseable: frecuencia de autobuses, agua más limpia, profesores más motivados, niños escolarizados… Ahí triunfas seguro”, asegura. También sostiene que “lo smart es tonto. Si quieres resolver la movilidad tienes que lograr que la gente viva y trabaje en distancias cortas. La vida de barrio salvará la ciudad. El colegio, el deporte y las compras tienen que estar cerca. La cultura, el teatro o los museos pueden estar en el centro”.
El modelo Curitiba llevó a este arquitecto a dar clases de urbanismo a la Universidad de Berkeley (California). Al regresar, volvió a ser alcalde en 1979. Y una década después se alzó vencedor por tercera vez presentándose solo 12 días antes de las elecciones. “Toda mi familia estaba en contra. Pero ser alcalde fue la mejor época de mi vida. Uno ve cambiar las cosas. Eso es maravilloso”.
“La creatividad empieza cuando quitas un cero al presupuesto. El exceso de medios conduce
al despilfarro”
Su metro sobre ruedas empezó trasladando a 50.000 pasajeros al día. “Hoy transporta 2.600.000 personas, casi las mismas que el metro de Londres, que mueve tres millones”. Explica que el sistema es hoy el mismo que hace casi medio siglo, aunque se va mejorando: aumenta la frecuencia y el gasóleo deberá sustituirse por electricidad.
Más allá del transporte, Unicef premió su proyecto Da rua para a escola. “Un mérito de mi esposa, que era profesora”. En su etapa de gobernador de Paraná, entre 1995 y 2002, veía que en todas las ciudades había niños por la calle, así que iniciaron un programa con una medida populista: cada familia que llevara un niño al colegio recibiría una cesta de comida semanal. “Fue otra manera de conseguir mucho con poco”.
Jaime Lerner: “El coche es el cigarrillo del futuro. Prácticamente va a desaparecer”
Sistema de transporte y zonas peatonales en el centro urbano de Curitiba.
Sistema de transporte y zonas peatonales en el centro urbano de Curitiba. 
Cuenta que habló una vez con el actor Jeremy Irons porque quería hacer una película sobre la contaminación de los plásticos en los océanos. “Le expliqué nuestro acuerdo con los pescadores. Si pescaban peces, se los quedaban. Si pescaban basura, se la comprábamos. Cuanta más basura conseguían, más dinero les dábamos. Fue otra situación en la que no puedes perder. Por eso tuvo éxito”.
Algo parecido les sucedió con el reciclaje. “Vimos que eran los niños los que tenían que educar a los padres. Los formamos. Ellos luego son durísimos. Conseguimos a la vez profesores y policías en las casas. Y la gente se acostumbró a reciclar”.
Siendo gobernador, llegó a la conclusión de que el problema esencial de la educación era la formación de los profesores. Y decidió reunirse con los maestros. Llegaban de todas las partes del Estado de Paraná. Y hablaban. Convivían de cuatro en cuatro en una casa. “Buscábamos apertura mental”, rememora. Les hacían escuchar a personas creativas: músicos, escritores… “Los artistas son gente con la piel más fina, por eso ven las cosas antes. Si puedo trabajar con personas que anticipan el futuro, ¿por qué voy a trabajar con las que solo ven el pasado?”.
Insiste en que Curitiba no es un modelo: “Es una referencia de simplicidad y de imperfección. También de trabajar con pocos medios. Mi ­intención no ha sido nunca salvar el mundo, sino promover el deseo de cambiar las cosas. Creo que eso es posible”.