11 mar. 2020

Los socios de Som Energia aportan en solo 24 horas 4,75 millones de euros a la cooperativa

En solo un día, Som Energia ha conseguido 4.750.000 euros en forma de aportaciones voluntarias al capital social. La emisión se abrió el miércoles pasado por la mañana, y en menos de una hora se llegó al millón de euros. Antes de 24 horas, 1.529 personas, socias de la cooperativa, ya habían hecho las aportaciones necesarias para alcanzar la cifra marcada.
Los socios de Som Energia aportan en solo 24 horas 4,75 millones de euros a la cooperativa
Casi la mitad de las aportaciones han sido de 5.000 euros, la cantidad máxima que se podía aportar durante la primera semana, a fin de facilitar el acceso a un mayor número de personas. No ha sido necesario, pues, abrir la segunda fase, donde el límite era de 100.000 euros por persona.

Es la cuarta vez que Som Energia utiliza esta herramienta para llevar adelante sus proyectos de generación renovable. En este caso, las aportaciones servirán para reforzar la actividad cooperativa e impulsar la construcción de una nueva planta solar en Llanillos (Granada), que tendrá una producción estimada de 7 GWh/año, equivalente a las necesidades de energía de unas 2.800 familias.
 Está previsto que la próxima emisión de capital social voluntario se haga en verano.

Otra forma de participar económicamente en la cooperativa es a través del Generation kWh, que está permanentemente abierto. La planta fotovoltaica de La Serra, en Anglesola (Lleida), es el tercer proyecto que se impulsa de esta manera. 

El Generation kWh es un modelo basado en el retorno energético en lugar del retorno financiero. Cada persona decide, en función de su uso eléctrico, la cantidad de dinero que quiere aportar, y con las aportaciones recogidas, se impulsan los nuevos proyectos renovables.


También es posible colaborar con aportaciones económicas en otras organizaciones de la Economía Social y Solidaria, como Coop57, Som Mobilitat, AlternaCoop, Ecotxe… muchas de ellas se pueden encontrar a través de la Xarxa d’Economia Solidària (XES) o la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS).


Se da la coincidencia de que, el mismo día en que se alcanzó el objetivo de aportaciones voluntarias, la cooperativa de energía verde, que nació en 2010, llegó a las 65.000 personas socias. Actualmente cuenta con más de 112.000 contratos de suministro eléctrico en la Península, Baleares y Canarias.


10 mar. 2020

El virus da a la industria de la moda su propia medicina: no hay fábricas en España para traer de vuelta la producción

En 2008 había en España 13.180 empresas de confección de prendas de vestir. En 2019, la cifra era un 30% menor: solo quedaban 9.206. "En Europa ha quedado muy poca fabricación", resume Alejandro Laquidain, dueño de la compañía catalana Encajes Lakidain. "Algo hay, pero de mayor nivel y con producciones pequeñas. Inditex lo hace fuera. El confeccionista fue el primero que exportó su mano de obra a países baratos".
La industria de la moda española vive días complejos a causa del coronavirus. De "gran incertidumbre" y "cierto temor" a la caída de ventas en verano. El motivo, reconoce la patronal Fedecon, es que buena parte de su abastecimiento se produce en China. Y que China lleva paralizada desde la vuelta del Año Nuevo Chino, lo cual provoca que la ropa no se esté produciendo ni saliendo de allí y que las empresas vayan poco a poco quedándose sin 'stock'.
"Hasta el momento, las fábricas se han mantenido gracias a la acumulación de 'stock' prevista por la celebración del Año Nuevo Chino", señala su presidente, Ángel Asensio, en un comunicado emitido este lunes. "Sin embargo, la situación que atraviesa el gigante asiático tras la paralización de su actividad plantea el riesgo de que se produzca un retraso en los plazos de entrega de suministros. Inevitablemente, habrá un perjuicio respecto a la presentación de colecciones, muestrarios, ferias y producciones. Hablamos de anulaciones de pedidos y solicitudes de retraso".
El de la moda es uno de los sectores más dependientes de las importaciones de nuestro país. El 23% de sus proveedores son chinos. La situación en Europa no pinta mucho mejor, puesto que el siguiente país por porcentaje de proveedores es Italia (11,2%). Lombardía y otras catorce provincias permanecen aisladas desde ayer.


Aunque cada empresa tiene su propio plan de contingencia, la solución general de la industria pasa por traer de vuelta las producciones a países más cercanos, como Marruecos, Turquía, Portugal o España. La patronal asume que esto supondrá un incremento de los costes (las fábricas cercanas tendrán más pedidos, así que subirán precios) a pesar del "insuficiente margen de tiempo" para cerrar producciones con "proveedores no contrastados". La del coronavirus es, además de sanitaria, una crisis económica de oferta que el mundo no veía desde la del petróleo del 73.
El comunicado no indica si piensan repercutirlo en el precio final y ningún portavoz de Fedecon ha querido atender a eldiario.es. Desde Acotex, otra patronal, llamaron la semana pasada a no subir precios. "Yo no creo que deba incrementarse el precio: defiendo que es de la misma calidad independientemente del país", dijo el presidente, Eduardo Zamácola, a este medio. "No podemos repercutírselo al público".
La relocalización de las producciones a países como España debería ser una buena noticia, porque crearía empleo y daría lugar a prendas más sostenibles, que no tuviesen que recorrer medio planeta antes de llegar a la tienda. El problema es que ya no hay tantas fábricas capaces de asumir tal cantidad de producción. La propia Fedecon alerta de "la posible repercusión negativa en la capacidad de producir de aquellos talleres más pequeños que, habituados a un menor nivel de trabajo, se vean desbordados".


La cadena de valor de la moda se divide en: materia prima (cultivo de algodón, etc.), fibras, hilados y tejidos, diseño, acabados, confecciones y comercialización. España solo sigue siendo fuerte en tejidos. "Hilatura hay poca: no hemos de perder de vista que se desmantelaron todas las fábricas de hilatura de Europa y se llevaron a Asia. Esto dará problemas", continúa el dueño de Encajes Lakidain. "Tejeduría hay más. Las grandes masas están en el Mediterráneo. España es potente, Italia es potentísima de toda la vida. Francia y Portugal también".
Junto a la hilatura, a finales de los 90 y principios de los 2000 desaparecieron en España muchísimas empresas de confección. El gráfico anterior muestra esa categoría hasta 2007 (últimos datos disponibles según la antigua nomenclatura del CNAE). La mayoría de actuales compañías de confección españolas son microempresas y desde 2007 también han desaparecido buena parte de las grandes (a partir de 100 trabajadores, según datos del INE).
La crisis de 2008 y el paulatino aumento del coste de mano de obra en China hicieron que parte de las producciones salieran de China, a países como Vietnam o Bangladesh. La patronal reconoce hoy que "la deslocalización de nuestras fábricas es una de las problemáticas más influyentes del sector" y que no llegó a recuperarse del todo de la crisis anterior.


Los que resisten
"El virus ha provocado que las grandes cadenas de distribución europeas, no solo españolas, tengan un agujero en el suministro que no se pueden permitir", señala Abel Ortiz, dueño de la fábrica Textil Ortiz, que comercializa tejidos de forro (para el interior de las prendas). "Han desviado parte de la producción a Europa. ¿Qué se han encontrado? Mucho del textil europeo se había perdido, pero los que hemos quedado somos competitivos en precio, sostenibles a nivel de medioambiente y les estamos dando una respuesta positiva rellenando su agujero. No se lo esperaban. Intentamos que se den cuenta de que en Europa y España hay textil con garantía para que no vuelvan a traer de Asia productos contaminantes".
Textil Ortiz es una de las fábricas españolas agraciadas con pedidos post-coronavirus en China. Su dueño explica que ha tenido que contratar a un 20% más de plantilla (en 2018 eran 23, según las cuentas). "Llevábamos tiempo trabajando con ayuntamientos cercanos para buscar a gente. Esto nos ha venido fantástico".
Textil Ortiz, una empresa catalana de forrería
Textil Ortiz, una empresa catalana de forrería
El caso de Ortiz no parece, sin embargo, masivo. Hace forrería, que se usa en casi todas las prendas y es de precio ajustado. "Ese producto concreto sí podría haber subido", valora Laquidáin. "¿Se ha notado un trasvase de pedidos de Asia a Europa? Ha habido más ruido que nueces. Por lo que veo en mi empresa y hablo con colegas, lo que hay es movimiento de consultas, de pedir presupuestos... Pero aún no se ha notado un aumento de producción". Si las fábricas vuelven a abrir no tendría por qué llegar a notarse muchísimo, aunque es cierto que las pocas que funcionan allí tienen los precios por las nubes (por la ley de la oferta y la demanda).
Tras haber abandonado las fábricas y talleres españoles por los más baratos asiáticos, el sector se plantea ahora buscar alternativas "de proximidad, más fácil de gestionar". Las patronales hablan de diversificar, de tener el 50% aquí y el 50% en el resto del mundo, y piden —cómo no— el apoyo del Gobierno. "Consideramos esencial concienciar sobre el valor del producto nacional, invertir en formación y recuperar oficios que se están perdiendo". De cara a esta crisis, ya están en contacto con los ministerios necesarios para abordar temas de "financiación" y "expedientes de regulación de empleo temporales".


"Es un aviso: señores, nos puede volver a pasar. No tiene sentido que dependamos de otro país, que las producciones estén tan lejos", concluye Laquidáin. "Habría que recuperar la industria, pero el 50% es imposible. Hemos desmantelado tanto que la vuelta atrás es complicada. En confección sería más fácil, porque son talleres con máquinas de coser, pero el tinte requiere millones de inversión. Y relocalizar ligaría el discurso a la sostenibilidad. Pero basar tu negocio en el precio no casa con la sostenibilidad. Son empresas cotizadas y a ver cómo explicas tú que bajas los beneficios porque hay que fabricar más cerca. En esto hay más marketing que otra cosa".

9 mar. 2020

El 'secreto' del falsificador del PCE que puso en jaque al franquismo y salvó cientos de vidas

La de la posguerra fue una época llena de mentiras en España. Se podría decir que se manipulaba todo: desde la versión con la que el franquismo vendía a las potencias extranjeras su triunfo bélico, y el nuevo comienzo de un país en el que "los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos", hasta las cartillas de racionamiento con la que los pobres, que acabada la contienda salieron más pobres, intentaban adquirir alimentos y productos de primera necesidad, todos estos a precios imposibles.
También, cómo no, se 'manipularon' identidades y rangos para sobrevivir. Muchos, quienes no fueron asesinados o encarcelados, y sí obligados a esconderse o a huir de una España llena de odio y miseria, tuvieron que dejar de ser quienes eran. Fueron transformándose así en fantasmas de su propio país. Aquí la mano y el ingenio de un hombre, miembro del Partido Comunista de España, lograron que estos fantasmas no acabaran enterrados o desterrados de por vida.
De Domingo Malagón (noviembre, 1916) se dijo en su momento que era el único imprescindible del PCE. Así lo proclamó Santiago Carrillo, líder del partido, cuando su compañero político y de trincheras regresó a España, en octubre de 1976. Para entonces, Malagón llevaba 38 años viviendo en el exilio francés. Desde allí se había dedicado de forma exclusiva a salvar cientos de vidas, si no miles, y lo había hecho engañando a todo el aparato del régimen. Durante casi cuatro décadas, lideró un grupo de comunistas clandestino dedicado a la falsificación de documentos de identidad: eran conocidos como el equipo técnico.

'Bonifacio Jesús Silva', pasaporte argentino de Malagón | UCM

Antes de aquello, Malagón ya apuntaba maneras políticas y artísticas. Habiendo cumplido los 18 años, fue admitido en la academia de Bellas Artes de San Fernando e ingresó inmediatamente después en la revolucionaria Federación Universitaria de Estudiantes (FUE) –asociación a la que pertenecieron otros alumnos de renombre como Nicolás Sánchez-Albornoz y Manuel Lamana, protagonistas de la única fuga conocida del Valle de los Caídos–. Pocos meses después del estallido de la Guerra Civil, casi sin haberse acostumbrado a la veintena, entró a militar en el PCE, formación con la que, según constata el periodista Mariano Asenjo, coautor junto a Victoria Ramos del libro Malagón: autobiografía de un falsificador, combatió contra los sublevados, incorporándose a la octava 'Compañía de Acero' del V Regimiento.
Al filo del final de la guerra, en febrero del 39, Malagón tuvo la oportunidad de cruzar la frontera a través de los Pirineos. Lo hizo, como miles de civiles y milicianos, a través de Le Perthus, poco antes de que las tropas franquistas tomaran el control de la zona. En ese momento "sólo portaba unas botas, una pistola y las Obras Escogidas de Marx", cuenta el historiador Mikel Rodríguez en su ensayo 'El exilio invisible'.

Lucha en la distancia contra el régimen

Al tiempo que Franco comenzó a extender su sombra por una España completamente arrasada y el nazismo declaró el inicio de la II Guerra Mundial, Domingo Malagón consiguió fugarse y esconderse tras su paso por los campos de concentración franceses de Barcarès y Saint-Cyprien, donde fue recluido poco después de cruzar la frontera. Se instaló en la localidad de Perpignan, donde montó un estudio fotográfico con otro compañero fugado. No duró mucho aquel negocio.

Campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, en Francia | Archivo Nacional

Cuando el Partido Comunista logró reorganizarse para hacer frente a los restos del fascismo en Europa y al franquismo en España, a Malagón, de quien ya se conocían sus dotes artísticas y sus convicciones políticas en las altas esferas del comunismo, se le encomendó la labor de modificar las cédulas y otras acreditaciones de identidad en España. Le acompañaron en este equipo técnico Jesús Beguiristain Andrés, Ramón Santamaría Josetxo y José Larreta Garde Paul.
Según reproduce Mariano Asenjo a partir de un informe del PCE En julio de 1945, la formación vio en Malagón una figura clave para la lucha antifranquista a distancia: "Fue utilizado en algún trabajo especial de reproducción de documentos y piezas de identidad, para lo cual parece ser un virtuoso. Con este motivo fue retirado del trabajo general. Es Leal y discreto".
No fue tarea fácil. A lo largo de toda la dictadura el régimen creó un aparato dedicado a la renovación de las técnicas de identificación de los españoles. Con esta iniciativa intentaban poner remedio a algunas de sus principales preocupaciones: controlar de forma exhaustiva el tránsito en los puestos fronterizos y reconocer y 'marcar' a aquellos desafectos al mando de Franco. "Los ayuntamientos limítrofes con Francia debían elaborar un listado con las personas que por motivos de residencia o laborales tenían justificada su presencia en la proximidad de la frontera. Los modelos, sellos y numeración de los salvoconductos se renovaban con cierta frecuencia para dificultar su falsificación", detalla Mikel Rodríguez.
Asenjo apunta que "la consolidación de este equipo se produjo hacia 1950, cuando el régimen de Franco, aún con muchas restricciones, permitió que los españoles pudieran salir del país; tan solo se necesitaban... papeles". Pero cuántos papeles: cada ciudadano debía disponer de una cantidad notable de documentos para evitar su arresto: una cédula personal (que pronto fue mejorada con dactiloscopia y fotografía para una identificación más precisa), pasaporte, cartilla de racionamiento, carnet político, salvoconducto y permiso de trabajo, así como sellos de cuota o abono.

Malagón; precisión, paciencia e ingenio

Todos esos papeles eran los que el equipo técnico se encargó de falsificar bajo el mando de Malagón; al principio en Perpignan, y tiempo después en Toulouse y en París. Y lo hacían en la más absoluta clandestinidad. Tal era la situación que, según se refleja en Malagón: autobiografía de un falsificador, pocas personas más allá de Beguiristain y Santamaría conocían con exactitud la dirección de esa comisión de trabajo dedicada a la manipulación de documentos de identidad.
"Humorísticamente decíamos que 'hacíamos el mono', teníamos que realizar lo más exactamente posible la documentación"
Así explicó el por entonces secretario general del PCE, Víctor Acuña, al historiador Mikel Rodríguez su 'modus operandi' para con este grupo: "El Partido pedía los pasaportes a todos los que lo tenían legal. Yo los recogía y se los llevaba a la oficina, se los daba a Jesús Beguiristain. Éste o Malagón los adaptaban al nuevo propietario y en lugar de hacerse el paso a España por el monte, se hacía 'legalmente' por la frontera".
Es aquí donde entraba en acción el talento de Malagón, que en una entrevista concedida al programa 'Informe Semanal' en 2005 resumía así sus más de tres décadas al servicio del partido en estas artes: "Yo tenía que coger tinta china, el pincel, el papel, que tenía que buscarlo a veces como podía, comprando libros viejos, y la lupa. Y entonces (hacía) cada cosita a mano, uno a uno". Para Malagón, aquel trabajo resultaba ser "una cosa tremenda", si bien también era tan duro como precario: "Dedicaba todas las horas del día y todas las horas que podía tener de la noche. Yo no hacía nada más que eso: comer, todo lo que podía comer y luego, después, ya dormir. Y dormir en una con una cantidad de chinches que me comían. ¿Mi sueldo? Pues me daban sencillamente lo que podía yo tener para comprarme la comida. Y nada más".

Algunas de las herramientas de trabajo de Domingo Malagón | UCM

Y nada más: unos 28.000 francos. "Para hacernos una idea, diré que un empleado del PCF cobraba 45.000 francos y que mi salario antes de comenzar esta labor era de 65.000 francos", explicó Ramón Santamaría Josetxo, especializado en el fotograbado, que narró así su experiencia de trabajo en este grupo: "Humorísticamente decíamos que 'hacíamos el mono', teníamos que realizar lo más exactamente posible la documentación". Y añade: "Los horarios nos los imponíamos nosotros mismos. No realizábamos ningún otro trabajo, el del Partido ocupaba todo nuestro tiempo".
Todo ello bajo el más absoluto secreto, precisó Santamaría: "Una de las medidas de seguridad que se adoptó, y de forma muy estricta, fue la de aislarnos: desaparecíamos de la circulación, no pertenecíamos a ninguna organización del Partido, no podíamos participar en actos o manifestaciones... Tampoco podíamos caer en el error de aparecer en fotografías en ningún lugar". Gracias a ello, sin embargo, pudo viajar "más de una vez sin problemas con tales documentos" y celebró, cuando volvió a ser ciudadano legal en España, "el honor y el orgullo de poder decir que ningún camarada cayó entre las garras de la policía por defecto de los documentos que llevaba".
Entre esos camaradas se encontraban, entre otros tantos, Dolores Ibárruri, Ignacio Gallego o Santiago Carrillo, que se sirvieron en varias ocasiones de la destreza de Malagón para su libre tránsito por aquella España fascista. 'José Menéndez Rocamora', 'Simón Garnica Gómez' y 'Alfredo Solares Martínez' fueron algunos de los nombres que usó el exdirigente comunista en hasta tres documentos de identidad distintos, y que acompañó en algún momento con su famosa peluca, para acreditarse como ciudadano español. El resultado parecía ser inmejorable.

DNI falsificados de Santiago Carrillo y el pasaporte de Dolores Ibárruri | Casa de la Moneda

Se dice pronto: Malagón falsificó miles de documentos de identidad, y de todos los tipos y colores: ayudó con la modificación de antiguos DNI y pasaportes a los militantes que querían volver a poner en marcha el partido en España de forma clandestina, como también a los que buscaban el libre tránsito por Francia y el resto de Europa, e incluso en otros continentes. Se dice que no falló ni cuando el régimen franquista puso en marcha en 1951 un documento de identidad calificado de "infalsificable". Toda una vida dedicada al activismo y a su partido. Como dijo Mariano Asenjo: "Malagón habría sido un buen pintor, pero se 'quedó' en revolucionario".

8 mar. 2020

La policía turca carga con gas lacrimógeno contra una marcha feminista en Estambul

La policía antidisturbios turca ha intervenido hoy con gases lacrimógenos y cargas contra una marcha feminista del 8 de Marzo que pretendía manifestarse en la céntrica calle Istiklal de Estambul, tradicional lugar de concentraciones cívicas pero desde hace años cerrado a toda marcha reivindicativa.
Desde el mediodía, los agentes habían rodeado tanto la propia avenida peatonal como la adyacente plaza Taksim con vallas metálicas e impedían el acceso para evitar que grupos feministas desplegaran pancartas en esta zona.
Los agentes han impedido a las manifestantes entrar en la céntrica calle Istiklal
Los agentes han impedido a las manifestantes entrar en la céntrica calle Istiklal (SEDAT SUNA / EFE)
Más de 5.000 activistas se reunieron en una calle cercana sobre las 18.00 GMT, pero una hora más tarde marcharon hacia Istiklal, derribando una valla, a lo que la policía respondió con cargas, gas y forcejeos para empujar al grupo nuevamente calle abajo, según constató efe.
Entre los eslóganes, aparte de la pancarta de “Lucha feminista contra el patriarcado” destacaban mensajes contra el matrimonio de menores, contra la obligación de cuidar de marido, casa y niños, y de solidaridad con las mujeres inmigrantes.
Turkey, who is world known for respecting human rights (apart from 3-4 genocides and 10-15 wars they have performed) asked from the police to violently intervene and stop the International Women's Day in Istanbul.
52 personas están hablando de esto
En la marcha se hallaban destacadas diputadas del partido socialdemócrata CHP y del izquierdista HDP, ambos en la oposición.
A media tarde habían tenido lugar otras dos concentraciones feministas en sendos barrios de Estambul, previamente autorizadas por el ministerio turco del Interior, que terminaron sin incidentes.
Empujones, gases lacrimógenos y cargas contra las mujeres que se manifestaban
Empujones, gases lacrimógenos y cargas contra las mujeres que se manifestaban (SEDAT SUNA / EFE)
Sin embargo, el Gobierno ha insistido que no permitirá el acceso de las activistas a la calle Istiklal, donde se celebró aún el año pasado, si bien entre fuertes medidas policiales, ni a Taksim, plaza emblemática para la izquierda turca, que lleva desde 2013 vetada a toda marcha de protesta.
Unas cinco mil mujeres han marchado en la capital turca
Unas cinco mil mujeres han marchado en la capital turca (MESUDE BULBUL / Reuters)
Pero la prohibición no ha desalentado a las activistas, entre cuyos lemas sobresale “La calle es nuestra” y “Nunca cederemos la calle a los hombres”.

En numerosas ciudades del países se han producido marchas feministas sin que se hayan registrado incidentes.