25 dic. 2014

Navidad, crisis y consumo responsable

Sin que nos haya dado tiempo a olvidar del todo la placentera sensación de los últimos soles del verano, racimos de bombillas y guirnaldas de colores nos vienen a recordar la llegada de la Navidad. Desde finales de octubre las tiendas exhiben en sus escaparates los clásicos adornos navideños junto a productos de consumo obligatorio para transitar por estas tradicionales celebraciones; desde la radio y la televisión nos vaticinan la mejor de las suertes si jugamos al premio más gordo de la lotería, mientras pasean ante nuestros ojos tentadoras ofertas que nos conducen de inmediato a un mundo nevado y feliz. Relegado a un segundo plano su origen religioso, la Navidad se ha convertido en una época de ocio y consumo.


Aunque palabras como paz, fraternidad y solidaridad resuenan sin cesar en nuestros oídos, la Navidad se caracteriza cada vez más por ser una etapa del año dedicada especialmente al consumo: compras variadas de ropa y comida, derroche energético y un inacabable ceremonial de intercambio de regalos, que alcanza el paroxismo ante la proximidad del día de Reyes.

La Navidad se caracteriza ser una etapa del año dedicada especialmente al consumo
Un ejemplo significativo: cada español genera algo más de un kilo de basura al día, pero en navidades llegamos hasta los 1,75 kilos por persona y día; es decir, un 75% más. Del 22 de diciembre al 10 de enero suenan todas las alarmas en los servicios de recogida de basura. En Madrid tienen que duplicar sus servicios: si habitualmente se recogen 3.249 toneladas de basura, esos días se superan las 6.000 con un aumento del 50% en vidrio y un 35% en papel. La noche de fin de año se llegan a recoger 2.500 toneladas de vidrio, para alegría de los elaboradores de cava. “Las basuras prácticamente se triplican –nos comenta Jesús Hidalgo, operario del servicio de recogida de basuras de Madrid–. Hay que estar en la calle para ver de verdad lo que se puede llegar a tirar en cada casa”.

Acertar en la compra de jugetes

- Siempre tenga en cuenta las preferencias de los niños: sobre todo, el juguete tiene que ser divertido para ellos.- El juguete tiene que ser adecuado a la edad del pequeño. Si es demasiado complicado no lo va a entender.- Tiene que ser un juguete seguro: tiene que cumplir la normativa de la CE.- Los juguetes tienen que ser sólidos para que, a pesar del paso del tiempo, tengan la mayor duración posible.- Los juguetes tienen que ser los justos para que los niños no se “ahoguen” y sepan valorar las cosas.- Es importante que los juguetes no reproduzcan ningún estereotipo de género ni hagan referencia a temas bélicos.- No hace falta que un juguete juegue solo. A los niños les gusta jugar con los juguetes y no ser un espectador.- Para poder hacer una buena compra tendremos que atender a: la publicidad (que no sea engañosa); el precio (adecuado al producto que tenemos en nuestras manos); las necesidades del juego (número de participantes, espacio); que sean juegos que se puedan compartir en familia. Así es más divertido.
Son algo más de cuatro días, pero la imagen es acertada: los españoles compramos en estas fechas el 65% de la Lotería Nacional de todo el año, el 75% del jamón ibérico, el 70% de los juguetes que se ofertan en el mercado, el 50% del cava que se produce y realizamos el 25% de nuestro gasto anual en telefonía móvil. El resultado final es que una familia media tendrá un gasto extra que superará los 1.200 euros, un 50% más que la media europea, según las estimaciones realizadas por varias organizaciones de consumidores. 1.200 euros que pesarán como el plomo en el difícil ascenso de la conocida cuesta de enero.
Este año, no obstante, la Navidad se ve condicionada por la temible sensación de crisis económica que nos atenaza desde hace meses. “Estamos en crisis”, es la frase más repetida de los últimos tiempos y, como es lógico, también se deja notar en los hábitos de consumo.

“Mi problema es que las deudas de septiembre, con los colegios y los libros, se me juntan ya con las compras de Navidad. De alguna manera habrá que parar”, dice Concepción Somoza, funcionaria en activo, divorciada y con dos hijos a su cargo. “No podemos seguir al mismo ritmo; las cosas tienen que empezar a cambiar, y lo malo es que no creo que esté solamente en nuestras manos, sino en la de todos aquellos que no dejan de influirnos para crearnos obligaciones de consumo”.

La pregunta es obligada: ¿podemos plantearnos otro tipo de celebraciones? Casi todos coincide en que sí, en que otro tipo de Navidad es posible aplicando una serie de consejos que apelan al sentido común y que no suponen renunciar al disfrute festivo. Consejos basados en un consumo responsable.
Consumo responsablePero ¿qué es el consumo responsable? Según Maribel Gutiérrez, de OCR, “el concepto es muy amplio, como lo es la propia actividad de consumir, se trata de elegir los productos y servicios no sólo pensando en su calidad y precio, sino también en su impacto ambiental y social, y en la conducta de las empresas que los elaboran”.

“Debemos consumir solamente lo que necesitamos, para no agotar los recursos pero también por propia salud mental, descartando el consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad”, nos comenta Maribel. “Para ello, conviene aplicar las famosas `erres’ del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar y Reciclar, e incluir elementos como la agricultura y ganadería ecológicas y la opción por la producción artesana.

Un consumo alternativo es posible, sobre todo en Navidad. Podríamos reducir el consumo de energía. Realmente, ¿son necesarias tantas luces en la ciudad? El ayuntamiento de Madrid gastará este año 4,6 millones de euros en luces navideñas; en Barcelona las instalaciones navideñas consumirán más de un millón de kilowatios tras 160 horas de funcionamiento.

Un consumo alternativo es posible, sobre todo en Navidad
El árbol de NavidadEl árbol como elemento decorativo es una moda importada del norte de Europa –donde sobran los bosques– que ya se ha hecho imprescindible en millones de hogares españoles. Un hábito que en las últimas décadas ha provocado la muerte de millones de pinos. Ahora, arrastrados por la costumbre, se cultivan pinos y abetos sólo para su uso en Navidad: en España se calcula que la producción anual supera el medio millón de ejemplares. Aunque ya no se esquilman los bosques, los árboles secos siguen amontonándose junto a los contenedores de basura una vez cumplida su misión anual, a pesar de las campañas municipales de recuperación.

Para evitar este despilfarro de árboles podemos recuperar la tradición autóctona de colocar un pequeño Belén, o si la idea no convence, recurrir a decoraciones originales e imaginativas de tela o papel, que pueden guardarse durante años.

El mejor regalo casi nunca es el más caro
Las diversas asociaciones de consumidores consultadas coinciden en las variadas fórmulas que existen para racionalizar el consumo. Pero no resulta nada fácil apelar a la responsabilidad en un periodo del año en el que desde todos los puntos se dispara la incitación al gasto y arrecia la publicidad dirigida a grandes y pequeños.
“Yo me puedo contener”, dice Isabel Mariño, periodista con un niño de corta edad, “pero quién convence a mi hijo de que este año Papa Noel no va a venir porque es extranjero, y que los Reyes no le van a traer ninguno de los juguetes que anuncia la televisión”. Según un reciente estudio, en la mayoría de las familias españolas (66%), los niños reciben regalos tanto el día de Navidad como el de Reyes. El balance del sector juguetero en 2007 presenta una subida del 6,04%, llegando a alcanzar un volumen total de mercado de 1.185 millones de euros.

Una familia media tendrá un gasto extra superior a los 1.200 euros, un 50% más que la media europea
El mejor regalo no es el más caro“El sector está realizando una labor importante al potenciar el diseño, la seguridad y los materiales didácticos por un juguete propio de calidad”, señala el Presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, José Antonio Pastor. “Además, la apuesta por el juguete viene también de la mano de los consumidores, pues existe un cambio de percepción por parte de todos, al considerar el juego y el juguete un elemento indispensable en el desarrollo infantil”.

Para Esther Alcázar, psicóloga, educadora y directora de la guardería El Armadillo, el mejor regalo casi nunca es el más caro, sino el que conecta mejor con las preferencias del niño al que va destinado. “En cuántas ocasiones –dice Esther– vemos a niños jugar con pinzas de la ropa o chapas de refrescos como si fueran los mejores juguetes, después de habernos gastado una fortuna en artefactos electrónicos que hacen de todo, menos dejar que el niño sea el verdadero protagonista del juego”. “Para tener éxito –considera Esther– un juguete debe ser cercano al mundo inmediato del niño o de la niña y a su forma de imaginar el mundo. La actividad que proponga el juego debe ser atractiva, ya que los niños juegan para divertirse y no para aprender”.


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